La profundización de la recesión y el deterioro de la actividad fabril comenzaron a generar grietas en el hasta ahora férreo silencio del poder económico frente al rumbo del gobierno de Javier Milei. Lo que durante meses fue una estrategia de prudencia pública empieza a mostrar fisuras, empujada por una realidad que golpea con fuerza a múltiples sectores productivos.
En las últimas horas, la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación Empresaria Argentina (AEA) difundieron comunicados con un tono medido, casi calculado, en los que reclamaron “respeto” en el vínculo entre el Gobierno y el sector privado. Detrás de esa palabra se esconde un malestar creciente por las descalificaciones públicas que el Presidente lanzó contra empresarios de peso, entre ellos Paolo Rocca, líder del grupo Techint y figura influyente en ambas entidades.
La incomodidad no se limita a los señalamientos personales. En el salón Petiribí de la sede de la UIA se vivió una discusión intensa cuando se planteó la necesidad de emitir un comunicado. Industriales de sectores golpeados —como el calzado, las autopartes y el textil— impulsaban una postura más directa frente al modelo económico. Sin embargo, los grandes grupos lograron imponer un texto consensuado y moderado. La intención fue evitar una ruptura abierta con la Casa Rosada, aun cuando la caída de ventas y producción se hace cada vez más evidente.
El propio titular de la UIA, Martín Rappallini, defendió el documento como una señal crítica, aunque al día siguiente reafirmó su respaldo al rumbo económico. Su figura concentra miradas, no solo por su cercanía con Rocca y su participación en la discusión de la reforma laboral, sino también por su reciente incursión minera en Mendoza, donde obtuvo beneficios bajo el régimen de incentivo a las grandes inversiones.
Las tensiones internas también se reflejaron en la renuncia de Diego Coatz, histórico economista de la entidad. Antes de dejar su cargo, el equipo técnico difundió datos preocupantes: el Monitor de Desempeño Industrial marcó 36,5 puntos en enero de 2026, con una caída de 7,5 puntos respecto del relevamiento previo. Más de la mitad de las empresas reportó baja en producción y ventas internas, mientras que el empleo comenzó a resentirse con reducciones de personal, suspensiones y menos turnos.
En paralelo, la AEA atraviesa su propia reconfiguración. Fundada en 2002 con aspiraciones de representar a una burguesía nacional fuerte, hoy reúne a conglomerados como Techint, Arcor, Ledesma, La Anónima y Mercado Libre. En medio del malestar con el Gobierno, decidió renovar su conducción ejecutiva, en un movimiento que busca reposicionarse sin confrontar abiertamente.
Incluso voces históricamente vinculadas al liberalismo económico comenzaron a expresar matices. Desde la Fundación Mediterránea, su presidenta María Pía Astori advirtió que “sin industria no hay país que valga” y reclamó reglas claras y un trato coherente hacia la producción nacional, en línea con políticas de protección que aplican potencias como Estados Unidos frente a la competencia china.
El escenario muestra así a un empresariado dividido entre la prudencia estratégica y la presión de una base productiva que siente el impacto directo de la recesión. Mientras algunos priorizan preservar vínculos políticos y evitar confrontaciones públicas, otros advierten que el silencio ya no alcanza para disimular la magnitud de la crisis industrial.