La liberación del gendarme argentino Nahuel Gallo, tras 448 días de detención en Venezuela, abrió un nuevo frente de controversia política en el país. Mientras el Gobierno nacional buscó mostrar protagonismo en el desenlace, distintas versiones sobre las gestiones previas y los canales de negociación utilizados dejaron al descubierto tensiones, reproches cruzados y acusaciones públicas.
Gallo estuvo alojado en la cárcel conocida como Rodeo I, sin información clara sobre los cargos en su contra y con severas restricciones de contacto con su familia y defensa. Para el gobierno de Nicolás Maduro no se trataba de un preso político, sino de un efectivo de seguridad que habría ingresado a Venezuela sin autorización formal y bajo sospecha de espionaje. Sin embargo, no trascendieron pruebas concluyentes ni detalles de un proceso judicial transparente.
Las negociaciones para su liberación comenzaron a tomar forma a principios de enero, cuando Delcy Rodríguez asumió un rol central en el Ejecutivo venezolano. En ese contexto se habrían activado canales informales de diálogo, ante la ausencia de relaciones diplomáticas fluidas entre ambos países. El exembajador argentino en Caracas, Oscar Laborde, junto al abogado Franco Bindi y la diputada Marcela Pagano, mantuvieron contactos con dirigentes venezolanos, entre ellos Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.
Uno de los principales obstáculos fue definir cómo concretar el regreso seguro de Gallo a la Argentina. Se evaluó inicialmente que un familiar viajara a buscarlo, pero esa alternativa perdió fuerza por presuntas advertencias sobre los riesgos del traslado. Finalmente, la solución llegó a través del ámbito deportivo. Según trascendió, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio Tapia, puso a disposición un avión utilizado habitualmente por la entidad. La gestión final habría sido articulada con Jorge Giménez Ochoa, titular de la Federación Venezolana de Fútbol.
El dato político más llamativo fue que la Cancillería argentina se habría enterado de la liberación por un comunicado de la AFA, cuando el vuelo ya estaba en camino a Ezeiza. Aun así, en la madrugada, funcionarios nacionales se hicieron presentes en el aeropuerto para recibir al gendarme y destacar supuestas gestiones oficiales. El vocero presidencial, Manuel Adorni, sostuvo que las tratativas venían desarrollándose desde hacía meses y cuestionó a quienes habrían tenido diálogo con el gobierno venezolano.
La escena en el aeropuerto dejó imágenes cargadas de simbolismo: Gallo, emocionado por el reencuentro con su familia, fue recibido por autoridades y trasladado luego a dependencias oficiales para controles médicos. En paralelo, desde sectores vinculados al fútbol evitaron capitalizar públicamente la situación.
El caso expone la complejidad de las relaciones internacionales en contextos de ruptura diplomática y plantea interrogantes sobre los canales institucionales utilizados. Más allá de las disputas políticas, el hecho central es que Gallo regresó al país y pudo reencontrarse con los suyos, mientras continúa el debate sobre el rol que desempeñó cada actor en un proceso atravesado por tensiones y versiones contrapuestas.