
La muerte de Víctor Vargas volvió a encender las alarmas sobre el accionar de las fuerzas de seguridad en la Ciudad de Buenos Aires. Vargas falleció en el Hospital Ramos Mejía luego de haber recibido tres disparos efectuados por un efectivo de la Policía de la Ciudad, en un episodio ocurrido durante una intervención policial ante una pelea callejera en el barrio porteño de Constitución. El hecho se suma a una serie de casos que reavivan el debate sobre el uso de la fuerza y las prácticas conocidas como gatillo fácil.
El episodio ocurrió el domingo por la tarde, alrededor de las 14 horas, en la intersección de las calles Salta y Constitución. Personal de la Comisaría Vecinal 1C acudió al lugar ante una riña entre dos hombres, uno de ellos Víctor Vargas. De acuerdo con los testimonios conocidos, durante esa intervención un oficial efectuó varios disparos con su arma reglamentaria. Vargas recibió dos impactos en el pecho y uno en el rostro, lo que le provocó heridas gravísimas.
Tras el ataque, fue trasladado de urgencia al Hospital Ramos Mejía, donde permaneció internado con diagnóstico de muerte cerebral. Finalmente, este miércoles, sufrió un paro cardíaco que derivó en su fallecimiento. Su madre y su hermana habían viajado desde el interior del país para acompañarlo en sus últimas horas.
A pesar de la gravedad del hecho, la investigación judicial por homicidio aún no se encuentra formalmente iniciada. Como paso inicial, resta realizar la autopsia correspondiente. Mientras tanto, el arma utilizada por el policía fue secuestrada y las actuaciones quedaron a cargo de la Policía Federal, por orden de la fiscalía. La causa fue caratulada provisoriamente como “atentado a la autoridad y averiguación de lesiones”, una figura que apunta, en esta etapa, a analizar la supuesta responsabilidad de la propia víctima.
Diversas organizaciones sociales y sindicales cuestionaron duramente esta calificación y denunciaron una nueva muerte producto de la violencia institucional. Referentes del sector advirtieron que no se trató de un exceso aislado, sino de un accionar letal que tuvo como consecuencia directa la muerte de un hombre en situación de vulnerabilidad.
Víctor Vargas era oriundo de la provincia de Formosa, padre de un adolescente y residente en un hotel del barrio de Constitución. Para subsistir realizaba trabajos informales y changas. En el pasado se había desempeñado como cuidacoches, actividad que abandonó tras recibir reiteradas actas contravencionales por parte de la Policía de la Ciudad.
Cabe señalar que la Comisaría Vecinal 1C, con jurisdicción en la zona donde ocurrió el hecho, registra antecedentes preocupantes en materia de violencia institucional, concentrando una de las mayores cantidades de denuncias en los últimos años.
El caso de Víctor Vargas se suma a otros episodios recientes que permanecen bajo investigación y vuelve a instalar una discusión profunda sobre los límites del uso de la fuerza, el trato hacia los sectores más vulnerables y la necesidad de respuestas claras por parte del sistema judicial. Mientras tanto, una familia despide a un padre, un hermano y un hijo, en medio de pedidos de justicia que resuenan cada vez con más fuerza.