
La compra del ex Hospital Israelita por parte del Grupo IRSA encendió señales de alerta en organizaciones barriales y vecinos de la Comuna N°11, que expresaron su rechazo y profunda preocupación por el destino que podría tener el histórico edificio ubicado en el barrio de Villa Santa Rita. El inmueble, hoy abandonado y con más de un siglo de historia, fue adquirido por la empresa encabezada por Eduardo Elsztain en el marco de un proceso judicial, y la comunidad teme que su valor patrimonial quede relegado frente a un posible desarrollo inmobiliario.
El complejo edilicio, inaugurado en 1916 y emplazado sobre un terreno de casi una manzana, fue adquirido por una cifra cercana a los siete millones de dólares. Desde la empresa se informó oportunamente que la intención es avanzar en una “refuncionalización del inmueble” para recuperar y poner en valor un activo considerado emblemático dentro de la ciudad. Sin embargo, esa definición general no alcanzó para llevar tranquilidad a los vecinos, que observan con desconfianza la llegada de uno de los actores más fuertes del negocio inmobiliario porteño.
Con el paso de las semanas, el ex hospital ya fue incorporado al portafolio de propiedades del grupo empresario, donde se destacan los más de 8.800 metros cuadrados del lote y los aproximadamente 17 mil metros cuadrados actualmente construidos. Si bien no existe aún un proyecto confirmado de manera oficial, comenzó a circular con fuerza la posibilidad de reconvertir el antiguo centro de salud en un complejo residencial con locales comerciales, una alternativa que genera rechazo en el barrio.
Diversas organizaciones vecinales de la Comuna N°11 difundieron un comunicado conjunto en el que advirtieron que el predio alberga un patrimonio histórico, cultural e identitario “invaluable e irrecuperable”, que podría verse seriamente afectado. Para los vecinos, el ex Hospital Israelita no es simplemente un inmueble disponible para el mercado, sino una pieza central de la historia de la medicina porteña y un símbolo para Villa Santa Rita, Flores y toda la comuna.
A lo largo de los años, se presentaron múltiples proyectos para darle un destino social y comunitario al edificio. Entre las propuestas figuraron la creación de un Centro de Salud y Acción Comunitaria, la construcción de una escuela secundaria, la ampliación del Cesac N°34 y la incorporación de espacios verdes de uso público. Sin embargo, ninguna de esas iniciativas prosperó en los ámbitos legislativos o comunales.
El edificio permanece mayormente abandonado desde hace décadas. Tras la quiebra de la institución en 2003, un grupo de trabajadores intentó sostener la atención médica a través de una cooperativa, aunque con el tiempo debieron reducir su actividad a consultorios externos. Finalmente, en 2017, la Justicia ordenó el desalojo y se avanzó en la desafectación del uso público del inmueble, allanando el camino para su venta en el marco de lo que se conoció como una “venta forzosa”.
Con la operación ya concretada, el reclamo vecinal se concentra ahora en preservar la estructura original del edificio y en garantizar que cualquier intervención respete su valor histórico. Además, exigen que se maximicen los espacios verdes, el suelo absorbente y la conservación de los árboles existentes, como una forma de resguardar el equilibrio urbano y la identidad del barrio. La preocupación sigue latente y el debate sobre el futuro del ex Hospital Israelita recién comienza.