
El valle de Punilla continúa sacudido por un episodio que dejó a toda la región en estado de conmoción. Este martes, las autoridades judiciales difundieron nuevos datos sobre el caso de la pareja encontrada sin vida en una habitación de un hotel alojamiento de Valle Hermoso, un hecho que desde el domingo mantiene en vilo a vecinos y oyentes que siguen de cerca los avances de la investigación.
Según confirmaron los resultados de la autopsia, ambos fallecieron por asfixia mecánica, aunque en circunstancias claramente diferenciadas. La mujer, de 47 años y residente de Villa Giardino, murió por estrangulamiento. En el caso del hombre, un joven de 27 años oriundo de Olta, se estableció que la causa de muerte fue el ahorcamiento. Con esta información, los investigadores reconstruyen el caso como un femicidio seguido de suicidio, una hipótesis que ganó fuerza desde los primeros momentos de la pesquisa.
El suceso tuvo lugar el pasado sábado, alrededor de las cinco de la tarde, cuando la pareja ingresó a la habitación del hotel. Desde entonces, nadie volvió a verlos con vida. La inquietud comenzó a crecer el domingo por la mañana, cuando el conserje del establecimiento advirtió que, pese a llamar repetidamente a la puerta, no obtenía respuesta. Decidió entonces ingresar por su cuenta. Aunque la puerta no estaba cerrada con llave, se encontraba trabada desde adentro por el peso de la cama, lo que incrementó aún más la preocupación. Al lograr acceder al cuarto, el trabajador se encontró con una escena estremecedora.
Con el correr de las horas fueron apareciendo datos que permiten contextualizar esta tragedia. Se supo que la mujer había denunciado anteriormente a su pareja por violencia, y que existía entre ambos una restricción de contacto activa. Sin embargo, aún no se ha podido establecer por qué motivo decidió acudir al encuentro del hombre ese día, una pregunta que continúa abierta y que las autoridades intentan dilucidar.
Mientras tanto, la comunidad permanece impactada, no solo por la brutalidad del hecho, sino también por la cercanía emocional que generó entre los habitantes de Punilla y la localidad de Olta. Este caso vuelve a poner sobre la mesa la urgencia de fortalecer los sistemas de protección y acompañamiento para víctimas de violencia de género, un desafío permanente que resuena con fuerza en cada rincón del país.