
El panorama comercial en la provincia de La Rioja atraviesa un momento complejo, marcado por el cierre de negocios, el aumento de locales desocupados y una creciente informalidad laboral. La situación refleja el impacto de un contexto económico que limita el consumo y pone en jaque la sostenibilidad de muchos emprendimientos.
Referentes del sector advierten que la estructura económica provincial, fuertemente vinculada al empleo público, condiciona el movimiento comercial. Con salarios promedio que rondan los 600 mil pesos, el poder adquisitivo resulta insuficiente para sostener la demanda en todos los rubros. En este escenario, el consumo se concentra y deja fuera a numerosos comercios, especialmente aquellos vinculados a bienes no esenciales.
A este panorama se suma un cambio en los hábitos de compra que se consolidó tras la pandemia. Según estimaciones del sector, cerca del 18% de las ventas totales migraron hacia el comercio electrónico, lo que representa un desafío adicional para los negocios tradicionales que dependen de la venta presencial.
Otro de los factores que agrava la situación es el alto costo operativo. Comerciantes señalan que los servicios, en particular la energía eléctrica, presentan valores superiores a los de otras provincias cercanas, lo que impacta de lleno en actividades como la gastronomía y los autoservicios, donde la refrigeración es indispensable. A esto se le suman los elevados costos de alquiler en zonas céntricas, que hoy resultan difíciles de sostener ante la caída de las ventas.
En ese sentido, se observa una creciente cantidad de locales vacíos en el microcentro, donde los valores de arrendamiento no se han ajustado al nuevo contexto económico. Esta combinación de altos costos y baja demanda genera un círculo difícil de revertir para muchos comerciantes.
El mercado laboral también refleja esta crisis. Se estima que la informalidad alcanza el 60% dentro del sector, un dato que evidencia la precarización de las condiciones de trabajo. En toda la provincia, el número de empleados de comercio ronda los 5.800, en un contexto donde rubros como indumentaria y calzado registran caídas significativas en sus ventas.
Además, se advierte una saturación en algunos sectores, como el gastronómico, donde la apertura de nuevos locales no encuentra un correlato en la demanda real. Esto provoca una competencia intensa en un mercado reducido, acelerando el cierre de negocios.
Frente a este escenario, el Centro Comercial anunció que llevará adelante un relevamiento para medir con mayor precisión la cantidad de locales vacíos y activos. El objetivo es obtener un diagnóstico claro que permita dimensionar el impacto de la crisis y generar herramientas de análisis para el futuro.
Mientras tanto, desde el sector coinciden en que la solución no pasa únicamente por cambios normativos, sino por una recuperación del poder adquisitivo de la población. Sin una mejora en el consumo, sostienen, será difícil revertir una tendencia que hoy preocupa a comerciantes y trabajadores por igual.