Argentina cierra 2025 con una desigualdad persistente: la brecha de ingresos se mantiene sin cambios

Los últimos datos difundidos por el INDEC reflejan un escenario que, lejos de mostrar transformaciones profundas, confirma una tendencia que se repite en el tiempo: la desigualdad estructural continúa firme. Aunque no se registraron sobresaltos significativos en los indicadores, la distribución del ingreso permanece prácticamente inalterada, evidenciando una brecha que sigue siendo motivo de preocupación.

Según el informe, la distancia entre los sectores más ricos y más pobres de la población se mantiene en niveles elevados. El ingreso del decil más alto es 13 veces superior al del más bajo, una relación que apenas varió respecto al año anterior. Esta diferencia se vuelve aún más evidente al observar la concentración de recursos: el 10 por ciento con mayores ingresos concentra más de un tercio del total, mientras que el sector más vulnerable accede a una porción mínima.

En paralelo, el Coeficiente de Gini —una de las principales herramientas para medir la desigualdad— se ubicó en 0,427 hacia el cierre de 2025. Si bien representa una leve mejora respecto al período anterior, el indicador confirma que la distribución de la riqueza sigue siendo desigual y que los cambios, hasta el momento, no logran modificar la estructura de fondo.

El análisis del mercado laboral aporta otro elemento clave para entender esta realidad. Existe una marcada fragmentación entre quienes perciben ingresos elevados y quienes apenas logran cubrir sus necesidades básicas. Mientras un sector alcanza promedios cercanos a los 2,5 millones de pesos mensuales, casi la mitad de los trabajadores se encuentra por debajo de los 800.000 pesos. De hecho, el ingreso mediano per cápita se ubica en torno a los 450.000 pesos, lo que refleja las dificultades económicas de una gran parte de la población.

La informalidad aparece como uno de los factores determinantes en esta dinámica. Aquellos trabajadores sin registro formal perciben, en promedio, la mitad del salario de quienes cuentan con aportes y estabilidad laboral. Esta diferencia no solo impacta en el presente, sino que también condiciona el acceso a derechos futuros, como la jubilación.

Asimismo, la dispersión salarial es notable. Un amplio porcentaje de la población activa sobrevive con ingresos bajos, mientras que en la cúspide se registran salarios que superan ampliamente los 5 millones de pesos. Esta concentración distorsiona los promedios generales y profundiza la percepción de inequidad.

El informe también pone en evidencia una brecha de género persistente. Las mujeres continúan percibiendo ingresos inferiores a los de los varones, con una diferencia que ronda el 25 por ciento. Esta situación refuerza un esquema en el que la vulnerabilidad económica afecta con mayor intensidad a las trabajadoras.

En términos generales, aunque los ingresos nominales mostraron un incremento cercano al 45 por ciento interanual, este crecimiento no se tradujo en una mejora real en la distribución. La inflación, junto con la falta de mecanismos efectivos de redistribución, diluye cualquier avance y mantiene congelada la estructura social.

De esta manera, el cierre de 2025 deja en claro que el desafío no pasa únicamente por aumentar los ingresos, sino por lograr una distribución más equitativa que permita reducir brechas históricas y mejorar las condiciones de vida de amplios sectores de la sociedad.

Deja una respuesta