En el último año, las asignaciones por hijo registraron una caída significativa que enciende señales de alerta sobre la situación social y laboral del país. Según cifras oficiales, 211.374 beneficiarios dejaron de percibir este derecho entre noviembre de 2024 y noviembre de 2025. Detrás de este número no hay una mejora en los ingresos familiares ni una reducción de la necesidad, sino un fenómeno más profundo: el retroceso del empleo formal y el avance de la precarización laboral.
El beneficio de asignaciones familiares está destinado a trabajadores registrados, tanto activos como jubilados, y constituye una herramienta clave de contención para millones de hogares. Sin embargo, cuando el empleo en blanco disminuye, también lo hace el acceso a estas prestaciones. La puerta de entrada al sistema es, justamente, la formalidad laboral. Si ese vínculo se rompe, el derecho también se pierde.
El descenso más marcado se dio entre los trabajadores en relación de dependencia. En ese segmento, hubo 151.762 beneficiarios menos, lo que representa una baja del 7 por ciento en apenas doce meses. En noviembre de 2024, las asignaciones por hijo para empleados registrados alcanzaban a 3.035.308 personas; un año después, la cifra se redujo a 2.883.546. Se trata de una tendencia que ya se había insinuado en períodos anteriores y que ahora se consolida.
A esta disminución se suma la caída en las prestaciones destinadas a hijos de jubilados y pensionados, con 43.156 beneficios menos. También la Asignación Universal por Hijo registró una reducción de 24.552 titulares. Este dato resulta particularmente sensible, ya que la AUH suele funcionar como red de contención para familias sin empleo formal. Un escenario distinto sería aquel en el que disminuyera la AUH y aumentaran las asignaciones familiares contributivas, lo que indicaría una mejora en la inserción laboral registrada. Sin embargo, eso no es lo que muestran los números actuales.
En contrapartida, el único segmento que evidenció un crecimiento fue el de los monotributistas, con 15.878 nuevos beneficiarios, equivalente a una suba del 2,7 por ciento. Este dato, lejos de reflejar estabilidad, puede interpretarse como parte de una transformación del mercado laboral hacia esquemas más flexibles y, en muchos casos, menos protegidos.
Actualmente, el régimen de Asignaciones Familiares alcanza a 9,4 millones de personas, de las cuales 8,3 millones corresponden a asignaciones por hijo. Dentro de ese universo, la mayor proporción pertenece a titulares de la AUH, con 4,1 millones, seguida por trabajadores en relación de dependencia, con 2,9 millones.
En total, el 20,8 por ciento de la población recibe algún tipo de asignación familiar. Un porcentaje que refleja la magnitud del sistema, pero también la vulnerabilidad de amplios sectores sociales. La caída en la cantidad de beneficiarios no parece estar vinculada a un mejor pasar económico, sino a un mercado laboral cada vez más inestable. Y detrás de cada número, hay una familia que siente el impacto en su economía cotidiana.