
Un informe reciente encendió señales de alerta sobre la evolución del entramado productivo en Argentina. Desde diciembre de 2023 hasta el mismo mes de 2025, más de 22.600 empresas habrían dejado de operar en el país, lo que equivale a un promedio cercano a 30 cierres diarios. Este fenómeno ubica al período actual entre los de mayor contracción del tejido empresarial desde la crisis de comienzos de los años 2000.
El análisis muestra que sectores clave como la construcción, la industria, el comercio y el rubro inmobiliario figuran entre los más afectados. Sin embargo, el mayor impacto relativo se observa en el área de transporte y almacenamiento, donde la caída de la actividad, vinculada en parte a la menor demanda logística, derivó en la pérdida de más de 5.500 empresas. Este segmento representa aproximadamente el 14% del total de cierres registrados.
La reducción del número de empresas tiene su correlato directo en el mercado laboral. En ese sentido, se estima que el empleo registrado sufrió una caída de alrededor de 290 mil puestos desde el inicio de la actual gestión. Esto resulta especialmente significativo si se tiene en cuenta que los sectores más golpeados concentran más de la mitad del Producto Bruto Interno y del empleo formal del país.
Especialistas en economía advierten que el escenario presenta desafíos estructurales. Señalan que los sectores que muestran crecimiento, como el agro, la minería, las finanzas o la energía, tienen una menor capacidad de generación de empleo en comparación con las actividades tradicionales. Incluso, algunos de estos rubros también registraron caídas en la cantidad de trabajadores durante el período analizado.
El fenómeno de cierre de empresas se extiende a lo largo de todo el territorio nacional. Provincias como La Rioja, Catamarca y Chaco aparecen entre las más afectadas en términos porcentuales, mientras que Neuquén constituye una excepción, impulsada por el dinamismo del sector energético.
A este panorama se suma un contexto económico complejo, caracterizado por cambios en la política comercial, variaciones en el tipo de cambio, presión impositiva y costos logísticos elevados. Estos factores, combinados con una retracción en la demanda interna, configuran un escenario desafiante para la sostenibilidad de muchas empresas, en particular aquellas vinculadas a la producción nacional.
El informe también propone una mirada más amplia sobre la evolución de la economía argentina en los últimos años. Desde 2011, tanto el nivel de actividad como el empleo registrado muestran un estancamiento, en un contexto donde la población continuó creciendo. Esto evidencia dificultades persistentes para generar un proceso sostenido de expansión económica.
De cara al futuro, los analistas coinciden en que la evolución del tipo de cambio y las condiciones macroeconómicas serán determinantes. Un escenario de estabilidad podría contribuir a moderar el ritmo de cierres, aunque no necesariamente revertir la tendencia. En cambio, eventuales tensiones cambiarias podrían profundizar las dificultades y generar un impacto similar al observado en crisis anteriores.
Así, el desafío continúa siendo encontrar un equilibrio que permita sostener la actividad, fomentar la inversión y preservar el empleo, en un contexto que sigue marcado por la incertidumbre.