
Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, la economía argentina atraviesa uno de sus períodos más críticos. Según datos del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), más de 17 mil empresas cerraron sus puertas entre diciembre de 2024 y julio de 2025. La llamada “motosierra” del ajuste fiscal impactó de lleno en la producción, el empleo y la inversión, dejando a más de 230 mil trabajadores sin empleo formal.
Las cifras son elocuentes: el número total de empleadores cayó de 499.682 a 494.274, mientras que los trabajadores registrados pasaron de 9.647.751 a 9.603.445. Esto representa una pérdida de más de 44 mil puestos formales en apenas siete meses. Si se compara con noviembre de 2023, antes del cambio de gobierno, la caída es aún mayor: el país contaba con más de 511 mil empleadores y casi 9,9 millones de trabajadores registrados.
Los sectores más golpeados son la construcción, la industria manufacturera y el empleo público. Solo la construcción perdió 83.802 empleos, tras la paralización de la obra pública y la devaluación de fines de 2023. En el ámbito estatal, el propio Gobierno reconoció cerca de 70 mil cesantías como parte del plan de ajuste.
De acuerdo con la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, el 65% de los empleos perdidos se concentró en empresas de más de 500 trabajadores, un dato que refleja la magnitud de la crisis incluso en grandes compañías.
Entre noviembre de 2023 y julio de 2025, el país perdió casi 30 empleadores por día. Los analistas advierten que la combinación de recorte del gasto, caída del consumo y baja inversión pública generó un contexto recesivo del que las pequeñas y medianas empresas no logran salir.
Desde el Gobierno, en tanto, se mantiene el discurso del equilibrio fiscal y se proyecta una recuperación recién para 2026, con foco en la energía y las exportaciones. Pero en el presente, la realidad es contundente: miles de compañías cerraron, miles de trabajadores perdieron su empleo y la incertidumbre sigue marcando el pulso de la economía argentina.