Economía 2026: entre ganadores concentrados y pérdidas generalizadas, el balance del modelo en marcha

De cara a 2026, el rumbo económico del gobierno de Javier Milei muestra un mapa cada vez más definido, donde conviven pocos sectores beneficiados y una mayoría que enfrenta retrocesos en ingresos, empleo y actividad. Aunque el Presidente sostiene que no elige ganadores ni perdedores y que deja esas decisiones al mercado, el desarrollo de su política económica permite identificar con claridad quiénes avanzan y quiénes quedan relegados en este nuevo escenario.

Uno de los rasgos centrales del modelo es la pérdida sostenida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones. Desde mediados de 2024, las negociaciones paritarias han quedado condicionadas por un techo muy por debajo de la inflación, lo que consolidó una caída real de los ingresos. El sector público nacional, los trabajadores provinciales y municipales y los jubilados se encuentran entre los más afectados. Si bien el Presupuesto 2026 proyecta una suba real de las jubilaciones, distintos análisis advierten que el congelamiento del bono y el cumplimiento de las metas inflacionarias oficiales limitarían ese incremento y profundizarían las desigualdades entre haberes mínimos y más altos.

En términos de actividad económica, el esquema vigente consolida un patrón basado en sectores primarios. Minería, petróleo, gas y parte del agro aparecen como los principales ganadores, favorecidos por incentivos fiscales y una estrategia orientada a la generación de dólares. En contrapartida, la industria, la construcción y el consumo masivo continúan mostrando caídas o estancamiento, afectados por la apertura importadora, la ausencia de obra pública y la contracción del poder de compra de la población.

El consumo interno, históricamente un motor del crecimiento, permanece debilitado. Aunque en algunos momentos se registraron repuntes en bienes durables asociados al crédito, la suba de tasas de interés y el aumento de la morosidad frenaron esa dinámica. El resultado es una economía que puede crecer en términos estadísticos, pero sin derramar mejoras en el mercado interno ni en la calidad de vida de amplios sectores.

El empleo es otro de los puntos críticos. Desde fines de 2023 se perdieron cientos de miles de puestos de trabajo, principalmente en el sector privado registrado. La caída se concentra en actividades que tradicionalmente generan empleo masivo, como la industria y la construcción, mientras que los sectores beneficiados por el modelo explican una porción mucho menor del total de trabajadores. El crecimiento del monotributo y del empleo precario amortigua las cifras de desocupación, pero no compensa la pérdida de puestos formales y estables.

A este panorama se suma la fragilidad externa. En 2026 el país enfrenta importantes vencimientos de deuda y una balanza de pagos que volvería a ser deficitaria. La acumulación de reservas aparece como uno de los principales desafíos, en un contexto de bajo ingreso de inversión extranjera directa y dependencia de financiamiento externo. Incluso las proyecciones más optimistas muestran márgenes acotados para recomponer las reservas sin generar nuevas tensiones cambiarias.

Así, el inicio de 2026 encuentra a la economía argentina atravesada por un modelo que prioriza el equilibrio fiscal y la estabilidad nominal, pero que deja como saldo una estructura productiva más concentrada, ingresos rezagados y un mercado interno debilitado. Un escenario donde los ganadores son pocos y los costos se reparten entre muchos, mientras persisten las dudas sobre la sostenibilidad del rumbo elegido.

Deja una respuesta