
La ciudad de La Rioja se vio sacudida por un caso que generó alarma, indignación y un fuerte llamado de atención sobre la seguridad en viviendas de alquiler. Una joven estudiante, identificada públicamente bajo el seudónimo “Ana”, denunció que el propietario del departamento donde residía habría instalado cámaras ocultas dirigidas hacia su dormitorio, vulnerando de manera extrema su intimidad y su seguridad personal.
Según relató la víctima, todo comenzó cuando, días atrás, encendió la linterna del celular y apuntó hacia una pequeña ventilación ubicada en la pared de su habitación. Fue entonces cuando notó un “brillo extraño” que despertó su curiosidad. Al observar con mayor detenimiento, descubrió que detrás de una cinta aislante negra se escondía la lente de una cámara perfectamente direccionada hacia su cama. El hallazgo, por sí solo estremecedor, se agravó aún más cuando revisó la memoria del dispositivo y encontró grabaciones personales que databan del mes de noviembre.
La joven también informó que, durante la inspección posterior, se halló otra cámara idéntica en un segundo departamento perteneciente al mismo propietario y que existían sospechas de que un tercer inmueble podría haber sido equipado con un mecanismo similar. Ante esta situación, la justicia actuó de inmediato.
La magistrada especializada en causas de género dictó medidas de protección para las jóvenes afectadas, señalando públicamente la absoluta gravedad del delito. Remarcó que la instalación de cámaras ocultas en un dormitorio, sin consentimiento y con fines claramente invasivos, constituye una violación flagrante del derecho a la intimidad y no tiene respaldo legal de ningún tipo.
El caso, lejos de ser considerado un episodio aislado, está siendo investigado en profundidad. Las autoridades analizan otras denuncias vinculadas al mismo propietario, lo que sugiere que podría tratarse de un patrón de conducta reiterado y no de una acción puntual.
Para la denunciante, el impacto emocional fue devastador. Expresó que el episodio generó en ella miedo, vulnerabilidad y una profunda pérdida de confianza en su entorno cotidiano. Tras confirmar la presencia de las cámaras, decidió mudarse inmediatamente. “Nunca imaginé que alquilar un cuarto me expondría a algo así”, manifestó con evidente angustia.
Mientras la investigación avanza, el caso reabre el debate sobre la seguridad en los alquileres temporarios y estudiantiles, y sobre la necesidad de reforzar los controles y garantizar la protección de quienes buscan una vivienda segura.