Exportaciones récord, empleo en duda: el desafío de una economía cada vez más primarizada

Los últimos datos difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos revelan que las exportaciones argentinas de bienes alcanzaron en 2025 un total de 87.111 millones de dólares. A primera vista, se trata de una cifra significativa para la economía nacional. Sin embargo, detrás de ese volumen de ventas al exterior se mantiene una estructura productiva conocida: una fuerte dependencia de materias primas y productos con escaso nivel de procesamiento.

Casi el 70 por ciento de las exportaciones correspondió a bienes primarios o derivados con bajo valor agregado. Dentro de ese esquema, el complejo sojero volvió a ocupar un lugar central, al explicar por sí solo una cuarta parte del total exportado. En conjunto, las ventas vinculadas a la soja alcanzaron los 21.442 millones de dólares, con predominio de derivados industriales como harina y aceite, que representaron más del 70 por ciento del sector.

A ese panorama se sumaron otros rubros vinculados a recursos naturales que registraron cifras récord durante el año. Entre ellos se destacan el petróleo, el oro y la plata, la carne vacuna, el girasol, el maní y el litio. En particular, el crecimiento del sector energético estuvo impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta, que permitió que las exportaciones petroleras alcanzaran los 11.772 millones de dólares, el valor más alto desde que se llevan registros comparables.

El principal destino del petróleo crudo fue Estados Unidos, mientras que en el caso de la carne vacuna el mercado predominante continuó siendo China. En paralelo, el litio argentino —uno de los minerales estratégicos para la transición energética— también se dirige mayoritariamente al mercado chino, aunque con bajo procesamiento, principalmente en forma de carbonato de litio.

En ese contexto, la economía del país gobernado por Javier Milei muestra un patrón de crecimiento que genera divisas pero con un impacto limitado en la creación de empleo. Los sectores más dinámicos, como la agricultura, la minería, el petróleo y las finanzas, combinan altos niveles de productividad con una demanda relativamente baja de mano de obra.

Esto provoca que la actividad económica tienda a organizarse en polos muy rentables por un lado, mientras que otras áreas productivas —especialmente la industria, el comercio y la construcción— enfrentan un escenario más complejo marcado por la recesión y la pérdida de puestos de trabajo.

Especialistas advierten que esta estructura exportadora con fuerte presencia de materias primas presenta riesgos a largo plazo. Uno de los argumentos más citados es la llamada hipótesis de Raúl Prebisch y Hans Singer, que sostiene que con el paso del tiempo los precios de las materias primas tienden a crecer menos que los de los bienes industriales o tecnológicos. Esto implica que los países exportadores de recursos naturales deben vender cada vez más volumen para poder importar la misma cantidad de productos elaborados.

A ello se suma la volatilidad propia de los mercados internacionales. Los precios de las materias primas dependen de factores externos que el país no controla, como conflictos geopolíticos, crisis financieras o fenómenos climáticos, lo que puede provocar bruscas variaciones en el ingreso de divisas.

Otro aspecto relevante es el impacto en la estructura productiva interna. Las actividades basadas en recursos naturales generan menos encadenamientos industriales que otros sectores, lo que limita el desarrollo de nuevas industrias y la diversificación del empleo.

En medio de este panorama, la excepción parcial fue el sector farmacéutico, que alcanzó un pico histórico de ventas externas durante 2025. Sin embargo, se trata de uno de los pocos rubros con alto contenido tecnológico dentro de una canasta exportadora dominada por productos primarios.

Así, mientras el país logra importantes ingresos por exportaciones, el debate económico vuelve a plantear una pregunta de fondo: cómo transformar esa capacidad de generar divisas en un proceso de desarrollo más diversificado, con mayor valor agregado y más empleo de calidad para la economía argentina.

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