
A lo largo de las últimas semanas, un grupo de gobernadores del norte argentino —entre ellos Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Hugo Passalacqua y Osvaldo Jaldo— comenzó a transitar un camino estratégico que podría redefinir el mapa político nacional. Se trata de mandatarios que comparten una visión común: la defensa firme de los intereses regionales y un creciente distanciamiento de la conducción kirchnerista dentro de Unión por la Patria, a la que responsabilizan por haber dificultado, durante años, la instalación de una agenda verdaderamente federal.
Desde esta perspectiva, reconocen que el escenario político actual exige una reorganización profunda. Observan con atención el avance de figuras como Martín Menem y entienden que, si no construyen un espacio sólido y cohesionado, perderán incidencia en el Congreso. Por eso, mientras mantienen un vínculo cordial con el ministro del Interior, Diego Santilli, con el presidente de la Cámara baja y con el asesor presidencial Santiago Caputo, aceleran negociaciones para ampliar su poder parlamentario y evitar quedar dispersos.
Según admiten en privado, el objetivo es conformar un bloque más robusto, pero sin cometer errores que deriven en fracturas internas a corto plazo. La gran preocupación es que la Casa Rosada intente dividirlos desde el inicio. En esta etapa, son varios los proyectos impulsados por el Gobierno nacional que funcionan como elemento de unión: el Presupuesto, la ley de glaciares y las reformas fiscal y laboral. Sin embargo, detrás de estos acuerdos coyunturales se oculta un desafío mayor: lograr una identidad política suficientemente amplia como para contener matices y evitar choques prematuros.
A este tablero se suma la figura del santiagueño Gerardo Zamora, quien fue anfitrión de la última cumbre del Norte Grande. En ese encuentro, Raúl Jalil asumió la presidencia del bloque regional, un gesto que reforzó la intención de avanzar con una agenda común. Un día después, Santilli visitó Santiago del Estero para dialogar tanto con Zamora como con el gobernador entrante, Elías Suárez. Así, los mandatarios se anticiparon a la agenda nacional y transmitieron sus prioridades directamente al Ministerio del Interior.
El documento final de la reunión reafirmó la voluntad de sostener un diálogo permanente y trabajar de manera conjunta por los intereses federales de la región. Jalil, entusiasmado, expresó que el Norte Grande avanza hacia una etapa de mayor unidad y protagonismo.
Dentro de este proceso, uno de los más activos es Gustavo Sáenz, quien impulsa la creación de un espacio político que pueda contener a todos estos sectores bajo una misma referencia. Incluso ya circula un nombre tentativo: País Federal. A este armado podrían sumarse los cuatro legisladores libertarios del bloque Coherencia y los dos diputados del MID, quienes también buscan un espacio estable desde el cual proyectarse.
En definitiva, los gobernadores del norte se encuentran ante una encrucijada estratégica: negociar con el Gobierno nacional sin perder autonomía, fortalecer su representación legislativa y redefinir su identidad política para enfrentar un escenario que cambia semana a semana. La clave, sostienen, será mantener la cohesión y evitar que las primeras grandes votaciones del año expongan fisuras que hoy buscan tapar con acuerdos de prudencia y conveniencia mutua.