Industria en alerta: empresarios advierten un derrumbe productivo y cuestionan la apertura importadora

En medio de un escenario económico marcado por cierres de empresas, suspensiones y despidos, comenzó a repetirse una imagen poco habitual pero elocuente: grandes empresarios industriales describiendo, en primera línea, un proceso de deterioro profundo de la actividad productiva. En distintos espacios de debate público, referentes de sectores estratégicos coincidieron en un diagnóstico común: el consumo se desplomó y la apertura importadora está golpeando con fuerza a la industria nacional, tanto a grandes compañías como a pequeñas y medianas empresas.

Durante una extensa conversación, dueños y directivos de rubros clave compartieron experiencias que reflejan una crisis extendida. Orlando Canido, titular de una de las principales empresas de bebidas del país, fue contundente al cuestionar el rumbo económico. Aseguró que la apertura indiscriminada no representa un progreso y advirtió que, con la presión impositiva actual, resulta casi imposible competir. Señaló además una paradoja que grafica la situación: productos fabricados en Argentina terminan siendo más caros que los importados, incluso considerando los costos de flete.

Canido también puso el foco en el impacto social de la crisis, especialmente en el Conurbano bonaerense, donde se concentran numerosas plantas industriales. Describió un clima de fuerte preocupación, con caída del consumo y señales de tensión social. En ese contexto, remarcó que sin industria no hay trabajo genuino, y que la ausencia de políticas que impulsen la producción agrava el panorama.

En una mirada retrospectiva, el empresario recordó los efectos de anteriores procesos de apertura económica, que —según relató— destruyeron en pocos años entramados productivos construidos durante décadas. Evocó fábricas textiles, ferroviarias y talleres que daban empleo a miles de personas y que hoy ya no existen, reemplazadas por grandes superficies comerciales o predios abandonados. Para Canido, esas decisiones dejaron una herida difícil de cerrar, con miles de puestos de trabajo perdidos y comunidades enteras afectadas.

La mesa de debate también reflejó miradas contrapuestas. Martín Cabrales, referente del sector cafetero, reconoció que las importaciones afectan al mercado interno, aunque planteó la necesidad de políticas de crédito que permitan a las pymes sobrevivir en este período de transición. Subrayó que el problema no es solo macroeconómico, sino profundamente micro: sin financiamiento, muchas empresas no logran sostenerse.

Desde el sector de la construcción, Gustavo Menayad advirtió sobre el impacto global de la crisis y cuestionó la falta de regulaciones frente a plataformas internacionales que compiten en condiciones desiguales. A su vez, señaló que hace años la actividad se sostiene construyendo para un mercado que no logra acceder a la vivienda.

Uno de los testimonios más duros fue el de Vito Contessi, quien relató el cierre de una histórica fábrica de conservas orientada al mercado interno. Explicó que, pese a la calidad del producto y al desarrollo de canales de venta digitales, la competencia de insumos importados más baratos volvió inviable el negocio. Recordó que décadas atrás existían decenas de empresas similares y que hoy sobreviven apenas unas pocas.

Las advertencias no se limitaron a un solo sector. Referentes de la industria textil y del descanso coincidieron en que importar puede parecer más económico en el corto plazo, pero el costo social de cerrar fábricas y perder empleos es mucho mayor. Incluso empresarios de peso internacional comenzaron a expresar su preocupación por la caída de la actividad y el impacto de la apertura importadora.

El mensaje que atraviesa todos estos testimonios es claro y resuena con fuerza: la industria argentina atraviesa un momento crítico y, sin un equilibrio entre apertura, producción y empleo, el riesgo es profundizar una crisis que ya se siente en cada fábrica que apaga sus máquinas.

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