
En el primer miércoles del año, los jubilados volvieron a ocupar el espacio público frente al Congreso de la Nación para dejar en claro que su lucha no se toma vacaciones. Como ocurre desde hace años, la movilización reunió a hombres y mujeres mayores que, acompañados por organizaciones del colectivo de discapacidad, agrupaciones gremiales y hasta hinchas de fútbol, reclamaron una jubilación digna y la restitución del acceso pleno a los medicamentos. A ese conjunto de demandas se sumó también un repudio a la intervención militar estadounidense en Venezuela, ampliando el mensaje político de la jornada.
Desde temprano, la Plaza de los Dos Congresos comenzó a poblarse de banderas, carteles y chalecos identificatorios. Cerca de las tres de la tarde, bajo un sol que fue cediendo paso a un cielo nublado, los manifestantes iniciaron la tradicional ronda alrededor de la plaza. Una batucada, integrada por personas con camisetas de distintos clubes, acompañó la caminata con bombos y trompetas, aportando un clima festivo que contrastó con la dureza de los reclamos. El operativo policial se desplegó en las calles aledañas, aunque sin incidentes ni intentos de intimidación, permitiendo que la movilización se desarrollara con normalidad.
Entre quienes encabezaron la columna estuvo Silvia Gabai, jubilada y persona con discapacidad, referente de organizaciones que participan de las marchas semanales desde hace años. Con un chaleco naranja, explicó que su presencia en la calle responde a una convicción profunda: considera que es allí donde se defienden los derechos conquistados. Relató que la situación de los jubilados se ha agravado en los últimos meses y que, aun percibiendo un haber por encima de la mínima, los ingresos no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, especialmente cuando se requiere medicación permanente.
El reclamo central gira en torno al deterioro del poder adquisitivo y a la pérdida de derechos vinculados a la salud. Actualmente, la jubilación mínima, incluso con bonos extraordinarios, resulta insuficiente frente al costo de vida. A eso se suma la eliminación de la cobertura total de medicamentos, una medida que impacta de lleno en un sector que depende, en muchos casos, de tratamientos continuos. También se denuncian dificultades crecientes para conseguir turnos y atención adecuada.
Durante el acto, representantes de distintas agrupaciones tomaron la palabra para expresar su malestar y denunciar lo que consideran un retroceso en materia de derechos sociales. Como es habitual en estas movilizaciones, el micrófono también se abrió a otros colectivos. En ese marco, una madre relató la situación que atraviesan las familias de niños con cardiopatías congénitas y enfermedades poco frecuentes, alertando sobre el desmantelamiento de programas nacionales que garantizaban tratamientos, traslados y asistencia especializada.
El testimonio puso rostro humano a una problemática estructural: la saturación de hospitales de referencia y las dificultades que enfrentan las provincias para responder a intervenciones complejas. La marcha concluyó sin incidentes, pero con un mensaje claro. Los jubilados ratificaron que seguirán movilizados cada miércoles, convencidos de que la visibilidad y la presencia en la calle son herramientas clave para defender su dignidad y sus derechos.