El conflicto desatado tras los ataques conjuntos de Israel y Estados Unidos contra Irán no muestra señales de desescalada. Por el contrario, la confrontación se amplía día tras día y ya impacta de manera directa en al menos ocho países de Medio Oriente, con nuevos frentes abiertos, bombardeos cruzados y una creciente preocupación internacional.
Durante las últimas horas, el Ejército israelí intensificó su ofensiva con ataques en el llamado “corazón de Teherán”, incluyendo edificios oficiales y la sede de la televisión estatal. Además, movilizó cerca de 100 mil reservistas para reforzar sus fronteras con Siria y el Líbano. En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní anunció una nueva ola de misiles y drones contra objetivos estadounidenses e israelíes en la región, incluyendo bases en Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.
El conflicto se expandió con fuerza hacia el Líbano, donde Israel lanzó una ofensiva aérea de gran escala tras ataques atribuidos a Hezbolá. Las autoridades libanesas informaron al menos 52 muertos y más de 150 heridos, además de casi 30 mil personas desplazadas hacia refugios habilitados de urgencia. Las explosiones se escucharon en amplias zonas de Beirut y el valle de la Bekaa, mientras el gobierno libanés intenta evitar que el país quede completamente arrastrado a la guerra.
Irán, por su parte, aseguró haber atacado decenas de objetivos estratégicos, incluyendo instalaciones vinculadas al gobierno israelí. Las sirenas antiaéreas volvieron a sonar en Jerusalén y otras ciudades. La tensión también alcanzó a Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, donde se reportaron explosiones, incendios en depósitos de combustible y la suspensión de vuelos en el aeropuerto de Dubái.
El impacto geopolítico se amplifica con la participación indirecta de potencias globales. China expresó su respaldo diplomático a Teherán y llamó a frenar las operaciones militares. En contraste, el presidente estadounidense Donald Trump advirtió que la guerra podría prolongarse durante varias semanas o incluso más, descartando por ahora cualquier señal clara de negociación.
En Irán, la situación interna también es incierta tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei en los primeros ataques. El país quedó bajo una conducción provisional mientras se define su sucesión. Las autoridades iraníes elevaron a más de 500 los fallecidos desde el inicio de las hostilidades, en medio de bombardeos constantes sobre Teherán y otras ciudades.
La guerra ya no es un conflicto localizado. Se trata de una crisis regional con derivaciones globales: mercados financieros alterados, suba en los precios del petróleo y temor a una expansión aún mayor. Las armas no se silencian y el horizonte, lejos de aclararse, se vuelve cada vez más incierto para toda la región.