Preocupación en Entre Ríos por el cierre de una histórica planta avícola

La crisis económica y la fuerte caída del consumo volvieron a golpear al sector industrial argentino. En las últimas horas, la empresa avícola Granja Tres Arroyos confirmó el cierre por tiempo indeterminado de su histórica planta “La China”, ubicada en la ciudad entrerriana de Concepción del Uruguay, una medida que encendió la alarma en toda la región por el impacto laboral y social que podría generar.

La decisión dejó en estado de incertidumbre a unos 700 trabajadores directos, además de afectar a decenas de productores y familias que dependen de manera indirecta de la actividad avícola. Según trascendió, la empresa atraviesa un escenario complejo marcado por la fuerte caída de las ventas en el mercado interno, el retroceso del consumo masivo y los elevados costos operativos que dificultan sostener la producción.

A este panorama económico se sumó un clima de creciente tensión con el sindicato de la alimentación. Desde la compañía señalaron que los bloqueos y conflictos gremiales complicaron el normal funcionamiento de la planta y aceleraron la determinación de paralizar las actividades.

En paralelo, la firma también enfrenta dificultades para competir en el mercado internacional frente a países como Brasil, además de las consecuencias que todavía arrastra tras la pérdida del mercado chino por el brote de gripe aviar registrado en 2023. Ese golpe afectó seriamente las exportaciones y debilitó la estructura financiera del grupo.

La situación ya venía mostrando señales preocupantes desde hace meses. Muchos productores integrados comenzaron a abandonar el sistema debido a retrasos en los pagos y problemas financieros. Esa reducción impactó de lleno en la capacidad operativa de la empresa, que pasó de faenar cerca de 700 mil pollos diarios a poco más de 200 mil.

Fundada en 1965, Granja Tres Arroyos llegó a convertirse en una de las compañías avícolas más importantes del país, con miles de empleados y presencia en mercados internacionales. Sin embargo, el actual contexto económico y productivo puso en jaque a una estructura que durante décadas fue símbolo del crecimiento agroindustrial argentino.

Mientras continúan las negociaciones y crece la preocupación en Entre Ríos, trabajadores y productores esperan respuestas concretas para evitar que el cierre se transforme en un golpe definitivo para una de las actividades más importantes de la economía regional.

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