
La jornada de paro nacional dejó una imagen contundente en la Ciudad de Buenos Aires: calles semivacías por la medida de fuerza y una Plaza de los Dos Congresos colmada por miles de trabajadores que se movilizaron contra la reforma laboral. Sin embargo, lo que comenzó como una manifestación masiva y con fuerte presencia sindical terminó, entrada la tarde, con represión, heridos y detenidos.
Desde el mediodía, columnas de metalúrgicos, aceiteros, gráficos, docentes y estatales confluyeron en las inmediaciones del Congreso, acompañadas por organizaciones sociales y partidos de izquierda. Cuando en el recinto se logró el quórum para iniciar la sesión, la plaza mostraba una concurrencia significativa, con banderas, bombos y pecheras que identificaban a gremios como la UOM, la Federación Gráfica, ATE, Ctera, Conadu y distintas seccionales del interior del país.
El acto central tuvo como uno de sus principales oradores al titular de la Unión Obrera Metalúrgica, Abel Furlán, quien cuestionó con dureza el proyecto oficial. Lo definió como “una traición a los trabajadores” y sostuvo que no contiene “nada bueno ni para el país ni para la industria”. Desde el escenario montado sobre Avenida de Mayo, llamó a profundizar el plan de lucha y propuso un nuevo paro de 36 horas con movilización para la semana siguiente, cuando la iniciativa vuelva al Senado.
En su discurso, también apuntó contra los gobernadores que habilitaron el quórum a través de sus legisladores y advirtió que el conflicto no terminará con esa jornada. “Se viene una pelea sin cuartel por el salario”, expresó, al tiempo que alertó sobre cierres de empresas y pérdida de puestos de trabajo.
Mientras tanto, en la plaza se escuchaban las voces de delegados de base que describían un panorama complejo en sus lugares de trabajo: suspensiones, caída de la producción, cambios de horarios y temor a que la reforma implique una pérdida de derechos adquiridos.
Pero el clima cambió abruptamente entrada la tarde. Con la mayoría de las columnas ya desconcentradas, las fuerzas federales avanzaron sobre los grupos que permanecían en la zona. Primero actuaron los camiones hidrantes; luego, los gases lacrimógenos y las balas de goma. El operativo, según denunciaron organismos de derechos humanos, fue desproporcionado en relación con la magnitud de la protesta.
La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, había anticipado una postura firme frente a eventuales disturbios. Finalmente, la intervención derivó en escenas de corridas y enfrentamientos. De acuerdo con la Comisión Provincial por la Memoria, alrededor de 70 personas requirieron atención médica por heridas causadas por balas de goma, golpes y gases. Además, se registraron al menos once detenidos, entre ellos un jubilado identificado como Carlos Dawlowfki.
Los incidentes no se limitaron a la plaza: desde temprano se habían producido momentos de tensión en los accesos a la capital. La intervención de la Policía Federal, que avanzó desde calles laterales, terminó de cerrar el operativo en forma de “ratonera”, según describieron manifestantes.
Así, la protesta que buscaba expresar el rechazo sindical a la reforma laboral concluyó con un saldo de heridos y detenidos, en una jornada que dejó expuesta no sólo la profundidad del conflicto en torno al proyecto, sino también el creciente nivel de confrontación en las calles.