
Cada 31 de diciembre, la Plaza 25 de Mayo se convierte en el corazón palpitante de la fe riojana. Allí, el Tinkunaco vuelve a reunir a miles de personas en una celebración que trasciende lo ceremonial y se transforma en un verdadero encuentro espiritual. No se trata solo de una tradición que se repite año tras año, sino de un compromiso profundo con Dios, con la historia y con la identidad de un pueblo que se reconoce en la fe compartida, la reconciliación y la esperanza.
Uno de los momentos más conmovedores de la celebración central es el de las tres genuflexiones. En medio del calor del asfalto, los fieles se arrodillan ante el Divino Niño Jesús Alcalde, ofreciendo plegarias, lágrimas, agradecimientos y pedidos. Es un gesto que sintetiza la fe viva del pueblo riojano: doblar la rodilla para confesar la fe cristiana y renovar el compromiso de vivirla en el servicio fraterno y solidario. Para muchos, ese instante despierta emociones profundas, recuerdos de seres queridos ausentes y la ilusión de un nuevo año colmado de bendiciones.
El saludo de la paz es otro de los signos centrales del Tinkunaco. Los abrazos que se multiplican entre los presentes simbolizan la unidad y el amor que brotan del encuentro con Cristo. En ese gesto sencillo, muchos encuentran consuelo, fuerza y la certeza de no estar solos. El mensaje que acompaña ese momento invita a dejar atrás divisiones y confrontaciones, y a comenzar el nuevo año con un corazón reconciliado. En ese marco, la entrega de las llaves de la ciudad al Niño Alcalde reafirma su reconocimiento como máxima autoridad espiritual.
La celebración continúa el 1 de enero con la tradicional procesión por el centro capitalino, que culmina con el mensaje de Año Nuevo del obispo y la bendición papal. Así, la despedida del año y el inicio del siguiente quedan marcados por la fe y la confianza en que, en Jesús, el pueblo encuentra respuestas y consuelo.
Aunque la capital riojana es sede del acto central, el Tinkunaco se vive con igual intensidad en toda la provincia. En Olta, la comunidad de Las Cortaderas celebra con misa, el tradicional encuentro entre el Niño Dios Alcalde y San Nicolás, acompañados por agrupaciones gauchas y música folklórica. En Santa Cruz y La Cuadra, el Tinkunaco se realiza al mediodía, en el arco de ingreso a la comunidad, con imágenes que peregrinan junto a los fieles.
En Famatina, a los pies del Nevado, la misa de fin de año culmina con el Tinkunaco, bajo la mirada del Santo Misionero de la Paz, San Francisco Solano, renovando el compromiso de caminar juntos como comunidad. En Campanas, el canto de los aillis en quechua, el sonido de las cajas y el paso de los alféreces a caballo le dan un color único a la celebración. Aminga, la Sierra de Los Quinteros, Ulapes y Chañarmuyo también reviven esta tradición con profunda devoción, procesiones, cantos y encuentros cargados de simbolismo.
Así, el Tinkunaco vuelve a unir a los riojanos en un mismo gesto de fe. Un encuentro que no solo recuerda el pasado, sino que renueva la esperanza y fortalece el compromiso de seguir caminando juntos, como hermanos y hermanas, bajo la mirada amorosa del Niño Jesús y la protección de San Nicolás.