
Catamarca volvió a convertirse en el corazón espiritual del país con una de las expresiones de fe más multitudinarias de las últimas décadas. La tradicional procesión en honor a la Pura y Limpia Concepción del Valle, que cada año convoca a miles de fieles, cerró una edición verdaderamente histórica. Enmarcada en el Año Jubilar y con un clima de profunda devoción, la celebración registró una asistencia récord que superó ampliamente las cifras habituales, dejando una huella imborrable en la comunidad y en todos aquellos que viajaron para honrar a la Virgen del Valle.
La Sagrada Imagen inició su recorrido pasadas las 19 horas desde la Plaza del Maestro, acompañada por una multitud que transformó las calles de la capital catamarqueña en un río humano de devoción. Más de 100 delegaciones formales se sumaron al caminar: instituciones educativas, movimientos religiosos, trabajadores de organismos públicos y agrupaciones de distintos puntos del país. Entre oraciones, cánticos y pañuelos blancos en alto, los peregrinos acompañaron con emoción el paso de la Virgen, cuya presencia es considerada un símbolo de amor, protección y esperanza.
La Policía provincial confirmó un dato que sorprendió incluso a los organizadores: 120 mil personas participaron solo de la procesión del lunes. Pero esa cifra es apenas una parte del impacto global del evento. Entre el 29 de noviembre —fecha de inicio de las fiestas— y el domingo 8 de diciembre, llegaron a Catamarca más de 307 mil peregrinos y unos 119 mil vehículos, configurando uno de los mayores movimientos religiosos y turísticos que haya vivido la provincia. Para muchos, esta masiva respuesta no sólo refleja el arraigo de la devoción, sino también la necesidad colectiva de pedir, agradecer y buscar consuelo en tiempos desafiantes.
La procesión incluyó, como cada año, la presencia del Beato Mamerto Esquiú, figura clave de la historia religiosa y política provincial. Su participación tuvo un sentido especial, ya que la comunidad comienza a prepararse para el Bicentenario de su nacimiento, cuya celebración se extenderá desde enero de 2026 hasta mayo de 2027.
Entre los asistentes se destacaron familias enteras, peregrinos que caminaron durante días, servidores voluntarios y autoridades provinciales y municipales, entre ellas el gobernador Raúl Jalil y el intendente capitalino Gustavo Saadi. La Iglesia catamarqueña estuvo representada por monseñor Luis Urbanc, quien encabezó la ceremonia final con un mensaje cargado de gratitud, pedidos de paz y llamados a la solidaridad.
El clima acompañó la jornada de cierre. Tras varios días de lluvias intermitentes, el tiempo se estabilizó y permitió que la Imagen regresara a su trono festivo en el Paseo de la Fe. Allí, bajo una lluvia de pétalos y en medio de un escenario colmado, miles de fieles vivieron uno de los momentos más emotivos de toda la celebración.
En su mensaje final, monseñor Urbanc agradeció la entrega de quienes brindaron asistencia a los peregrinos —desde alimentos y bebidas hasta alojamiento y orientación—, pidió por los enfermos, por las familias, por quienes buscan trabajo y reclamó nuevamente la liberación de Nahuel Agustín Gallo. También elevó una oración por lluvias abundantes para mitigar la sequía que afecta a múltiples zonas de la provincia y convocó a los argentinos a prepararse espiritualmente para el Bicentenario del Beato Esquiú.
La ceremonia concluyó con el Himno Nacional, el Himno de Catamarca y la bendición final. Así, con emoción, profundo recogimiento y una fe que crece año a año, Catamarca despidió unas Fiestas Marianas inolvidables, reafirmando su lugar como uno de los centros de peregrinación más importantes del país.