
La cadena productiva de la yerba mate atraviesa uno de los momentos más delicados de las últimas décadas. La combinación de precios de la hoja verde y de la yerba canchada muy por debajo de los costos reales, plazos de pago cada vez más extensos y un profundo proceso de desregulación alteró de forma abrupta el equilibrio histórico del sector. Este escenario no solo golpea a los productores primarios, tradicionalmente el eslabón más vulnerable, sino también a la industria, que hoy se ve obligada a competir con nuevas marcas de baja calidad que ingresan al mercado ofreciendo precios imposibles de sostener en condiciones normales.
El problema estructural de fondo es la fuerte concentración del mercado. Existen pocos compradores con gran poder económico frente a una multitud de pequeños y medianos productores sin capacidad real de negociación. Durante años, el Instituto Nacional de la Yerba Mate cumplió un rol clave como organismo de mediación, estableciendo precios de referencia que buscaban garantizar rentabilidad mínima y previsibilidad. Sin embargo, la progresiva quita de sus facultades y la imposibilidad actual de intervenir en la fijación de precios dejaron a los productores expuestos a un mercado completamente liberado.
Las consecuencias no tardaron en aparecer. Hoy, muchos productores venden la hoja verde a valores que oscilan entre los 150 y 200 pesos por kilo, cuando los costos de producción superan ampliamente esa cifra. Aun así, se ven obligados a aceptar esas condiciones para sostener ingresos mínimos, aunque eso implique trabajar a pérdida. Los plazos de cobro, que en algunos casos llegan hasta los seis meses, profundizan aún más la crisis financiera de las chacras.
Paradójicamente, la baja de precios tampoco resulta una buena noticia para la industria. Cooperativas y empresas que intentan pagar valores más cercanos a los costos se encuentran en desventaja frente a competidores que compran barato y venden productos de menor calidad. Esto genera un círculo vicioso que empuja tanto a productores como a industrias al borde del colapso. Mientras tanto, en góndola, los precios finales de la yerba no reflejan esta caída: en el último año, el aumento fue muy inferior al de la inflación general, lo que evidencia un fuerte desbalance dentro de la cadena.
La situación se agravó aún más con los recientes problemas de pago de una de las cooperativas más importantes del país, que reconoció dificultades para cumplir con sus compromisos y suspendió los desembolsos a productores. Este hecho encendió todas las alarmas y dejó en evidencia el impacto real de la desregulación y de la competencia desleal.
A este contexto se suma la eliminación de controles de calidad, que habilita el ingreso al mercado de productos que no cumplen con estándares históricos de elaboración, higiene y conservación. Esto no solo presiona los precios a la baja, sino que también pone en riesgo la calidad del producto final que llega al consumidor.
Con una oferta elevada de hoja verde, stocks acumulados y reglas de juego prácticamente inexistentes, el horizonte que se proyecta es de precios bajos sostenidos en el tiempo. La alternativa exportadora aparece lejana y de difícil concreción en el corto plazo. En este marco, la restitución de un esquema de regulación y de un precio mínimo vuelve a instalarse como una de las pocas salidas inmediatas para evitar que la crisis termine de desarticular a una de las economías regionales más emblemáticas del país.