A medio siglo de uno de los episodios más dolorosos de la última dictadura militar argentina, miles de estudiantes, sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos volvieron a reunirse para recordar a los jóvenes desaparecidos durante la denominada Noche de los Lápices. Con banderas, canciones y consignas, las nuevas generaciones reafirmaron que la memoria continúa viva y que aquellas voces silenciadas siguen encontrando una manera de hacerse escuchar.
La jornada tuvo como uno de sus principales escenarios al ex Pozo de Banfield, en el partido bonaerense de Lomas de Zamora, un lugar que funcionó como centro clandestino de detención y que hoy es un sitio de memoria. Allí, el sobreviviente Pablo Díaz, secuestrado en septiembre de 1976, observó emocionado la llegada de columnas de estudiantes de distintas escuelas de la zona.
A pocos metros del antiguo portón de ingreso, por donde él mismo fue llevado hace 50 años, Díaz señaló a los jóvenes que avanzaban con banderas que llevaban dibujados lápices. La escena contrastó con los recuerdos de horror asociados a ese lugar y se convirtió en una imagen cargada de significado: los chicos y las chicas de hoy ocupando las calles para mantener presente la historia de quienes fueron perseguidos y desaparecidos por la dictadura.
Durante el acto, Pablo Díaz recordó a sus compañeros María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, María Clara Ciocchini, Daniel Racero, Claudio de Acha y Horacio Ungaro, secuestrados en La Plata el 16 de septiembre de 1976. El sobreviviente compartió con ellos parte de su cautiverio y expresó la emoción de regresar a un sitio donde permanecen recuerdos imborrables.
Las actividades también incluyeron la participación de funcionarios bonaerenses, referentes de derechos humanos, familiares y organizaciones que trabajan en la preservación de la memoria. En distintos puestos se exhibieron fotografías y documentos que reflejan la transformación del antiguo centro clandestino en un espacio destinado a recordar y transmitir lo ocurrido.
En La Plata, los sobrevivientes Emilce Moler y Gustavo Calotti participaron de una jornada junto a estudiantes y autoridades provinciales. También estuvo presente Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quien destacó el compromiso de los jóvenes y convocó a continuar defendiendo los valores de memoria, verdad y justicia.
Uno de los momentos más significativos para Emilce Moler fue el reconocimiento recibido por la Universidad Nacional de La Plata, que le otorgó el título de doctora honoris causa junto a otros sobrevivientes. La distinción tuvo un valor especial, ya que había sido secuestrada en 1976 y posteriormente obligada a abandonar la ciudad, donde soñaba con estudiar.
Las movilizaciones se extendieron además a la Ciudad de Buenos Aires, donde estudiantes y organismos de derechos humanos marcharon desde Plaza Houssay hasta Plaza de Mayo. Las consignas estuvieron vinculadas con la defensa de la educación pública, los derechos humanos y el futuro de las nuevas generaciones.
En distintos puntos del país, la conmemoración volvió a demostrar que la memoria no permanece encerrada en los antiguos centros de detención. Se expresa en las aulas, en las calles y en cada joven que levanta un lápiz como símbolo de una historia que no debe repetirse.
A 50 años de aquella noche de septiembre, los sobrevivientes y familiares encontraron en la presencia multitudinaria de los estudiantes una forma de continuar caminando. La dictadura intentó apagar sus voces, pero los lápices siguieron escribiendo. Y hoy, en manos de nuevas generaciones, continúan trazando memoria, esperanza y compromiso con la democracia.