
En la Conferencia Industrial de la Unión Industrial Argentina (UIA), el ministro del Interior, Diego Santilli, afirmó que el sector empresario es “central en el pasado, presente y futuro del país” y volvió a insistir en la necesidad de un “diálogo maduro” con el sindicalismo para avanzar con las reformas que el Gobierno pretende aprobar en el Congreso. Sin embargo, detrás de ese tono conciliador, crece la preocupación sobre el verdadero alcance de la llamada “modernización laboral”, una iniciativa que muchos interpretan como un intento de flexibilizar derechos históricos y profundizar la precarización.
Santilli repasó la situación laboral heredada, asegurando que la Argentina “no generaba un solo puesto de trabajo neto desde hacía 15 años”. Con esa frase, el ministro buscó instalar la idea de que las reformas son inevitables, aunque analistas y especialistas en el mundo del trabajo advierten que la falta de empleo formal no se soluciona reduciendo derechos o debilitando la capacidad de negociación de los trabajadores, sino generando condiciones reales de inversión y desarrollo productivo.
El funcionario también destacó que el Presupuesto 2026 destina “el 85 por ciento de su gasto e inversión” a jubilaciones, educación y salud. Pero distintos economistas señalan que ese número, presentado como un gesto de sensibilidad, podría estar ocultando recortes en áreas estratégicas y una disminución del gasto real, especialmente en un contexto de inflación acumulada y pérdida de poder adquisitivo.
Santilli volvió a insistir en una “modernización laboral clara y contundente” que, según él, permitiría “sacar de la informalidad a millones de argentinos”. Pero desde sindicatos, Pymes y especialistas laborales advierten que esta frase, repetida como slogan, esconde reformas que en realidad podrían facilitar despidos, debilitar convenios colectivos y dejar a los trabajadores en situaciones aún más inciertas. La experiencia histórica demuestra que las flexibilizaciones laborales no garantizan empleo formal, y que muchas veces solo abaratan costos empresariales a costa de la estabilidad del empleado.
El ministro anticipó también que la agenda de sesiones extraordinarias incluirá temas adicionales provenientes de pedidos de los gobernadores, aunque evitó dar detalles. Para sectores críticos, esa falta de claridad es un indicio de que podrían ingresar proyectos sensibles sin el debido debate público, aprovechando el clima de urgencia que el oficialismo busca imponer.
Finalmente, Santilli pidió un “diálogo maduro y con altura” con el sindicalismo, insistiendo en que la modernización beneficiará a todos, “especialmente a los jubilados”. No obstante, representantes gremiales remarcan que un diálogo verdadero no puede darse cuando el Gobierno ya tiene definidas sus reformas y solo busca adhesión para aplicarlas rápidamente.
En un país donde la informalidad laboral, la caída salarial y la incertidumbre económica son parte de la vida cotidiana, la propuesta oficial promete soluciones rápidas pero podría traer consecuencias profundas. Por eso, cada vez más voces alertan que este llamado al consenso podría ser, en realidad, la antesala de una reforma que reduzca derechos y debilite la protección laboral en nombre de una modernización que, hasta ahora, nadie ha explicado con precisión.