
El crecimiento del trabajo mediante plataformas digitales también expone una realidad cada vez más preocupante: miles de conductores y repartidores recurren a préstamos con tasas de interés extremadamente elevadas para reparar las herramientas que les permiten generar ingresos. Automóviles, motos y bicicletas dejaron de ser únicamente medios de trabajo para convertirse en bienes cuya conservación muchas veces depende de créditos difíciles de afrontar.
La problemática fue planteada por la Asociación Civil Conductores de Aplicaciones Unidos de la República Argentina (ACCAURA), entidad que representa a trabajadores de plataformas como Uber, DiDi y Cabify. Desde la organización sostienen que la precarización laboral y la falta de acceso al sistema financiero tradicional empujan a muchos trabajadores a buscar dinero en billeteras virtuales, prestamistas particulares o empresas de créditos de consumo, donde las tasas de interés anuales pueden oscilar entre el 400 y el 700 por ciento.
En la práctica, esta situación implica que una persona puede terminar devolviendo varias veces el monto originalmente solicitado. Según explican desde la asociación, estos préstamos no se destinan a inversiones ni a mejorar la actividad económica, sino simplemente a reparar un vehículo averiado, cambiar neumáticos, afrontar un desperfecto mecánico o realizar el mantenimiento indispensable para continuar trabajando.
La entidad señala que gran parte de quienes prestan servicios mediante aplicaciones vive con ingresos ajustados. Lo recaudado diariamente suele destinarse casi por completo a cubrir gastos básicos como alimentación, combustible, seguros y mantenimiento, dejando muy poco margen para ahorrar o enfrentar imprevistos. Cuando aparece una reparación importante, el endeudamiento termina siendo, para muchos, la única alternativa para no abandonar la actividad.
Desde ACCAURA recuerdan que la organización nació a partir de grupos de conductores que comenzaron a reunirse en la ciudad de La Plata y que posteriormente se consolidó como asociación civil ante el crecimiento del trabajo en plataformas y la necesidad de representar a un sector que aún carece de una regulación específica.
Según estimaciones de la propia entidad, la cantidad de conductores de aplicaciones se duplicó en los últimos años, pasando de alrededor de 300.000 trabajadores en 2023 a unos 600.000 en la actualidad. Atribuyen ese incremento a la pérdida de empleo formal y a la búsqueda de alternativas laborales para sostener los ingresos familiares.
Aunque conductores y repartidores desempeñan tareas diferentes, ambos comparten una misma realidad: deben asumir todos los costos de la actividad. Son responsables del combustible, el mantenimiento, el seguro, las reparaciones, la depreciación del vehículo y cualquier gasto inesperado que surja durante la jornada laboral.
En el caso de los conductores, el automóvil representa la principal herramienta de trabajo. Una falla mecánica, el cambio de neumáticos o cualquier reparación puede significar un gasto difícil de afrontar con los ingresos habituales. Por su parte, los repartidores, muchos de ellos jóvenes o estudiantes, enfrentan dificultades similares utilizando motos o bicicletas que también requieren mantenimiento constante.
La organización advierte además sobre un fenómeno que consideran especialmente delicado: en algunos casos, las propias plataformas ofrecen mecanismos de financiamiento a sus trabajadores. Según denuncian, el acceso a esos créditos podría estar condicionado por factores como la cantidad de horas conectadas, el nivel de actividad, el puntaje obtenido dentro de la aplicación o la aceptación de determinados viajes y pedidos.
Desde ACCAURA sostienen que este esquema incrementa la dependencia del trabajador respecto del algoritmo que administra la plataforma. El mismo sistema que asigna los viajes, determina las tarifas y evalúa el desempeño también puede convertirse en quien financie las deudas necesarias para continuar trabajando.
Los representantes del sector consideran que este modelo traslada prácticamente todo el riesgo económico al trabajador. Además del tiempo dedicado a la actividad, cada conductor aporta su propio vehículo y asume el desgaste permanente de la herramienta con la que obtiene sus ingresos. Cuando las tarifas permanecen estancadas y los costos aumentan, la rentabilidad disminuye de manera considerable.
Muchos trabajadores aseguran que la recaudación diaria apenas alcanza para cubrir los gastos esenciales, mientras que el valor de los repuestos, los servicios mecánicos y los neumáticos continúa aumentando. Como consecuencia, varios terminan financiando esas reparaciones en cuotas o mediante créditos de alto costo.
Desde la asociación concluyen que esta situación refleja un problema estructural del modelo de trabajo en plataformas. Aunque suele presentarse como una actividad basada en la autonomía y el emprendedurismo, sostienen que las condiciones reales muestran una fuerte dependencia de algoritmos que fijan tarifas, asignan viajes, establecen incentivos e incluso aplican sanciones o bloqueos. En ese contexto, afirman que el endeudamiento creciente constituye una de las expresiones más visibles de la precarización que enfrenta un sector cada vez más numeroso de trabajadores argentinos.