
El fuerte aumento de la morosidad en el sistema financiero volvió a instalar el debate sobre la situación económica que atraviesan millones de hogares argentinos. Mientras los indicadores muestran los niveles de incumplimiento en el pago de créditos más altos de las últimas dos décadas, el Gobierno nacional atribuyó el problema principalmente a las decisiones individuales de quienes tomaron préstamos por encima de sus posibilidades. Sin embargo, economistas y especialistas sostienen que el fenómeno tiene raíces mucho más profundas y está estrechamente vinculado con la pérdida del poder adquisitivo, la caída del empleo formal y el elevado costo del financiamiento.
La controversia se intensificó luego de que el vocero presidencial, Adrián Ravier, afirmara que las personas deben conocer sus límites al momento de solicitar créditos y evitar utilizar al máximo sus tarjetas para no enfrentar dificultades posteriores. Además, señaló que el incremento de la morosidad forma parte de un proceso habitual cuando una economía recupera el acceso al crédito y también atribuyó parte de la responsabilidad a las entidades bancarias, al considerar que aún están readaptándose a un mercado financiero con mayor actividad.
Sin embargo, los datos reflejan un escenario complejo. Los préstamos personales presentan niveles de irregularidad cercanos al 15 por ciento, mientras que las tarjetas de crédito alcanzan aproximadamente el 11 por ciento. La situación es todavía más delicada entre los proveedores financieros no bancarios, donde las billeteras virtuales registran una morosidad cercana al 26 por ciento, las cadenas de electrodomésticos rondan el 48 por ciento y las empresas dedicadas al otorgamiento de efectivo inmediato superan el 50 por ciento, según estadísticas oficiales.
Para numerosos analistas, estas cifras no responden simplemente a decisiones equivocadas de los consumidores, sino al progresivo deterioro de la economía doméstica. Explican que, en los últimos años, el crédito dejó de utilizarse principalmente para financiar proyectos personales, compras importantes o inversiones y pasó a convertirse en un recurso indispensable para afrontar gastos cotidianos, como la compra de alimentos, el pago de servicios públicos, medicamentos y otras necesidades básicas.
La economista Delfina Rossi considera que responsabilizar exclusivamente a las familias implica desconocer un problema estructural. Según su análisis, el endeudamiento funcionó inicialmente como una herramienta para compensar la pérdida de ingresos, pero cuando esa situación se prolonga en el tiempo, incluso el acceso al crédito deja de ser una solución. Además, remarcó que las plataformas digitales y las aplicaciones financieras facilitan el acceso inmediato a préstamos mediante mecanismos que incentivan permanentemente el consumo y el endeudamiento.
En la misma línea, la socióloga Luci Cavallero sostiene que el crecimiento de la mora obliga al Gobierno a reconocer una realidad que contrasta con los indicadores de recuperación económica difundidos oficialmente. A su entender, presentar el problema como una cuestión de educación financiera desvía la atención de factores económicos más amplios que condicionan las decisiones de millones de personas.
Por su parte, el economista Martín Burgos señaló que el incremento de la morosidad también está relacionado con las altas tasas de interés, que, tras las medidas de desregulación financiera, quedaron muy por encima de la inflación y del crecimiento de los salarios. Esa combinación, explicó, encarece considerablemente el costo del crédito y dificulta que muchas familias puedan cumplir con sus obligaciones.
Una visión similar expresó la economista Lucía Cirmi Obón, quien recordó que durante la actual gestión se eliminaron algunos límites a los intereses punitorios de las tarjetas de crédito mientras el salario mínimo sufrió una importante pérdida de poder adquisitivo. En ese contexto, consideró que el fuerte crecimiento de la morosidad refleja principalmente el deterioro de las condiciones económicas y no un cambio repentino en el comportamiento financiero de la población.
Finalmente, el economista Sergio Chouza describió el fenómeno como el resultado de varios factores que actúan simultáneamente. Entre ellos destacó el elevado costo del financiamiento, el uso creciente del crédito para sostener el consumo diario debido al aumento de los gastos fijos y la expansión de las plataformas financieras digitales, que permiten acceder a préstamos de manera rápida y sencilla, aunque muchas veces con intereses muy elevados.
Mientras continúa la discusión sobre las responsabilidades y las posibles soluciones, el crecimiento sostenido de la morosidad aparece como uno de los principales desafíos económicos y sociales del país, reflejando las dificultades que enfrentan numerosos hogares para equilibrar sus ingresos con el aumento del costo de vida y el peso cada vez mayor de las obligaciones financieras.