
En un día que debería ser de orgullo para los trabajadores del sector, la realidad golpeó con fuerza al corazón de la industria textil argentina. En La Rioja, más de 400 puestos de trabajo se perdieron en los últimos dos años, y lo que antes fue un motor de producción nacional hoy apenas sobrevive al 40% de su capacidad. La Federación Obrera Nacional de la Industria del Vestido y Afines (FONIVA) expresó su “profunda preocupación” por una situación que, aseguran, “no se vivió ni durante la pandemia ni en los años más duros del gobierno de Macri”.
El gremio denunció el abandono por parte del Estado y el impacto devastador de la apertura indiscriminada de importaciones. Las plataformas digitales permiten el ingreso masivo de prendas extranjeras, muchas de baja calidad, pero a precios imposibles de competir para las pymes nacionales. “Esa ropa descartable está destruyendo nuestra industria”, advirtieron los referentes del sector.
Cinco empresas del parque industrial riojano intentan sostener a 400 trabajadores con reducción de jornada bajo el artículo 223 bis, una herramienta que apenas evita despidos masivos. Sin embargo, la falta de respuestas oficiales profundiza el malestar. “No somos recibidos por la Secretaría de Industria ni por la de Trabajo. Todo trámite se hace por mail y nadie contesta”, lamentaron desde FONIVA, denunciando la indiferencia del Gobierno frente al derrumbe productivo.
El impacto trasciende las fábricas: son miles de sueldos menos circulando, comercios vacíos y una economía local en declive. En un país que atraviesa una crisis estructural, los trabajadores textiles ven cómo su oficio se apaga mientras las políticas nacionales parecen centrarse en otros sectores, olvidando que sin industria no hay desarrollo ni futuro posible.