Lo que para muchas personas comienza como una solución rápida frente a una urgencia económica puede convertirse, en poco tiempo, en una deuda difícil de controlar. Esa es la situación que atraviesan numerosas trabajadoras informales que recurrieron a créditos ofrecidos a través de billeteras digitales y que hoy aseguran estar atrapadas en un círculo de intereses, punitorios y reclamos de pago.
El reclamo quedó expuesto durante una protesta frente a las oficinas de Mercado Libre en Parque Saavedra, donde trabajadores y organizaciones cuestionaron las condiciones de algunos créditos otorgados mediante Mercado Crédito. Entre los testimonios aparecen principalmente mujeres que trabajan por cuenta propia, realizan tareas domésticas, venden productos en la vía pública o sostienen pequeños emprendimientos familiares. En muchos casos, además, son el principal o único sostén de sus hogares.
Uno de los casos es el de Noelia, una empleada doméstica del conurbano bonaerense, madre soltera de cinco hijos y responsable de acompañar periódicamente a uno de ellos, que tiene una discapacidad, al Hospital Garrahan. El año pasado, frente a la falta de dinero incluso para cargar la tarjeta SUBE, aceptó un préstamo de 40 mil pesos.
Según relató, al principio logró cumplir con los pagos, pero los atrasos comenzaron a incrementar rápidamente el monto adeudado. Ante la imposibilidad de continuar pagando, decidió incluso desinstalar la aplicación. Sin embargo, meses después, pese a haber realizado distintos pagos, la deuda habría llegado a triplicar el capital inicial.
A partir de entonces comenzaron los llamados insistentes desde números privados y, posteriormente, los contactos con personas de su entorno. La situación generó temor por la posibilidad de que también se comuniquen con las familias para las que trabaja. A la preocupación económica se sumó el miedo a que el reclamo termine en una instancia judicial.
Una situación parecida atravesó Bibi, una mujer oriunda de Jujuy que vende empanadas cerca de estaciones de la línea Roca. Durante una visita a sus padres encontró que necesitaban reparar o reemplazar su heladera, pero no contaban con dinero para hacerlo. Para ayudarlos, solicitó un préstamo de 200 mil pesos que debía devolver en seis cuotas de 80 mil.
El problema apareció cuando se atrasó apenas un día: según su testimonio, una cuota pasó de 80 mil a 90 mil pesos. Mientras tanto, las ventas comenzaron a caer debido a la falta de consumo y sus propios hijos, que anteriormente podían ayudarla, también quedaron sin trabajo.
Carmen, feriante de Villa Celina y primera integrante de su familia de origen boliviano nacida en Argentina, también quedó atrapada en una situación similar. Contó que tomó un préstamo de manera accidental mientras realizaba una compra de telas desde su teléfono. Según explicó, la opción aparecía destacada y fue seleccionada sin intención. Al intentar revertir la operación, asegura que no encontró un mecanismo sencillo para cancelar el crédito.
Desde entonces, sostiene que una parte importante de su esfuerzo diario está destinada a cubrir la deuda. Frente a estas experiencias, se incorporó al Sindicato de Feriantes, que brinda asistencia legal y trabaja en alternativas para evitar que trabajadores informales recurran a mecanismos de financiación que luego pueden resultar difíciles de afrontar.
El caso de Ayelén refleja otra problemática: la búsqueda de financiamiento para intentar generar una salida laboral. Después de años de capacitación en peluquería, depilación y estética, perdió su empleo como consecuencia del cierre del local donde trabajaba. Con la intención de comenzar a atender a domicilio, solicitó un préstamo para comprar equipamiento.
La realidad, sin embargo, no respondió a sus expectativas. La caída del consumo hizo que tuviera pocas oportunidades para utilizar las máquinas que había comprado, mientras la deuda continuó creciendo. Sin empleo estable y con dificultades para generar ingresos, la situación se transformó en una fuente permanente de angustia.
Los testimonios muestran así una problemática que excede los números de una aplicación. Para muchas trabajadoras, el crédito digital aparece como una herramienta inmediata ante una emergencia, pero puede convertirse en una carga cada vez más pesada cuando los ingresos son irregulares y cualquier atraso incrementa el monto a pagar.
Detrás de cada deuda hay historias de familias, trabajos precarios, necesidades urgentes y personas que intentaron encontrar una salida. Y para algunas de ellas, como Ayelén, la consecuencia terminó siendo mucho más profunda que una dificultad financiera: una deuda que, según sus propias palabras, ya ni siquiera les permite dormir tranquilas.