Miles de investigadores, docentes, estudiantes, becarios y trabajadores del sistema científico y tecnológico se movilizaron en distintos puntos del país para expresar su rechazo al fuerte recorte presupuestario aplicado durante el gobierno de Javier Milei. La protesta tuvo como escenario central el Obelisco porteño, donde los manifestantes buscaron responder con ironía y firmeza a las acusaciones que los habían señalado como supuestos “terroristas”.
Con camisetas argentinas debajo de sus abrigos, los participantes leyeron un comunicado y cerraron la jornada entonando el Himno Nacional a capela. El mensaje fue contundente: las herramientas de trabajo de científicos y estudiantes son pipetas, libros, computadoras, tizas y conocimiento, mientras que la palabra y la expresión pública constituyen su principal defensa.
La movilización se produjo en medio de una creciente preocupación por el futuro de la ciencia argentina. Según los datos difundidos durante la jornada, la inversión estatal destinada a Ciencia y Tecnología habría descendido desde el 0,30 por ciento del Producto Bruto Interno en 2023 hasta alrededor del 0,14 por ciento en la actualidad. De confirmarse, se trataría de uno de los niveles más bajos registrados históricamente.
El impacto también se refleja en la pérdida de puestos de trabajo. Desde diciembre de 2023, se calcula que alrededor de 6.400 empleos vinculados con el sistema científico fueron eliminados. Entre los organismos afectados aparecen el Conicet, el INTA, el INTI, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Servicio Meteorológico Nacional.
La situación generó especial preocupación entre jóvenes investigadores que dependen de becas para continuar sus carreras. Algunos quedaron temporalmente fuera del sistema debido a demoras en concursos e incorporaciones, una situación que puede obligarlos a abandonar proyectos de investigación o buscar oportunidades en otros países.
La incertidumbre también alcanza a las universidades públicas. Investigadores y docentes advierten que allí se concentra una parte fundamental de la producción científica nacional y cuestionan el incumplimiento de las normas destinadas a garantizar el financiamiento universitario. En paralelo, estudiantes y trabajadores realizaron medidas de fuerza para reclamar mejores condiciones salariales y presupuestarias.
Entre los manifestantes aparecieron historias que reflejan la dimensión personal del conflicto. Jóvenes que aspiran a convertirse en investigadores reconocen que la falta de oportunidades podría llevarlos a emigrar, aunque muchos aseguran que preferirían desarrollar sus carreras en Argentina. Para ellos, el problema no se limita a los salarios: también está en juego la posibilidad de construir un proyecto científico nacional.
La discusión llegó además al Congreso, donde representantes del sistema científico reclamaron extender las becas y garantizar recursos para sostener la investigación. La oposición cuestionó la resistencia del oficialismo a debatir distintas iniciativas vinculadas con la ciencia y las universidades.
El Gobierno, por su parte, sostiene una política de reducción del gasto público y cuestiona el funcionamiento de numerosos organismos estatales. En ese contexto, varias instituciones científicas fueron disueltas, reorganizadas o sometidas a cambios estructurales.
Para los investigadores movilizados, sin embargo, la discusión excede el presupuesto de un área determinada. Consideran que la ciencia interviene en cuestiones esenciales de la vida cotidiana: desde la energía y la salud hasta la producción agropecuaria, la tecnología, el clima y la explotación de los recursos naturales.
Por eso, detrás de las banderas y los reclamos apareció una consigna que resume el espíritu de la protesta: defender la ciencia también significa defender la soberanía. La capacidad de un país para generar conocimiento, formar profesionales y desarrollar tecnología propia es presentada por los investigadores como una condición fundamental para tomar decisiones sin depender exclusivamente del exterior.
Así, entre pipetas, libros, tizas y banderas argentinas, la comunidad científica buscó dejar un mensaje claro: el debate no es solamente cuánto dinero recibe la ciencia, sino qué lugar ocupa el conocimiento en el modelo de país que Argentina pretende construir.