Desesperación por conseguir empleo: cientos de personas hicieron una fila de diez cuadras en Moreno por apenas 30 puestos

La falta de empleo y las dificultades económicas volvieron a quedar expuestas en una escena que impactó en el conurbano bonaerense. Cientos de personas formaron una fila de más de diez cuadras en un hipermercado de Moreno para entregar sus currículums y postularse a solamente treinta puestos de trabajo ofrecidos por un bazar recientemente inaugurado.

La convocatoria reunió a personas de distintas edades y trayectorias laborales, desde jóvenes que buscan su primera experiencia hasta adultos que llevan meses sin conseguir empleo. Algunos aspirantes llegaron durante la madrugada, mientras que otros decidieron pasar la noche en el lugar para asegurarse un sitio entre los primeros de la fila.

El primero de los postulantes se presentó el día anterior, alrededor de las ocho de la noche. Otros llegaron varias horas después, en plena madrugada, con la esperanza de tener mayores posibilidades de acceder a una entrevista laboral.

La recepción de currículums estaba prevista hasta las cuatro de la tarde del lunes. Sin embargo, la fila continuaba extendiéndose incluso después de ese horario, con numerosos aspirantes que todavía aguardaban su turno y mantenían la expectativa de obtener una oportunidad.

Los puestos disponibles abarcaban diferentes áreas, entre ellas administración, reposición de mercadería, atención al cliente y tareas de depósito. Para muchos de los presentes, la prioridad no era conseguir un cargo específico, sino acceder a un empleo registrado que les permitiera contar con ingresos estables y cierta previsibilidad económica.

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue que varios postulantes desconocían cuánto podrían cobrar por el trabajo. Aun así, decidieron acercarse con sus currículums ante la necesidad urgente de incorporarse al mercado laboral.

“De lo que sea”: la necesidad de conseguir un ingreso

Entre los testimonios recogidos durante la jornada se repitieron historias de incertidumbre y dificultades para sostener los gastos cotidianos.

Un joven contó que había llegado a las cinco de la mañana para presentar su solicitud. Como él, numerosos aspirantes permanecieron durante horas a la espera de ser atendidos, sin garantías de que sus antecedentes fueran finalmente considerados para cubrir alguno de los treinta lugares disponibles.

Una estudiante universitaria explicó que no tenía una pretensión salarial definida y que estaba dispuesta a aceptar una propuesta que le permitiera trabajar mientras continuaba con sus estudios. La urgencia por generar ingresos, según manifestó, hacía que cualquier oportunidad resultara bienvenida.

También se presentó una mujer que trabaja como acompañante terapéutica y que llevaba un año sin conseguir empleo. Llegó a las siete de la mañana y expresó que estaba dispuesta a desempeñarse en el área que le asignaran. Su hijo también se encontraba en el lugar, mientras otras personas aguardaban acompañadas por sus familiares.

Incluso se observó a una mujer con un bebé de un año y seis meses, en una imagen que reflejó las dificultades que enfrentan algunos hogares para encontrar una fuente de ingresos.

La respuesta que más se repitió entre los postulantes fue contundente: estaban dispuestos a trabajar “de lo que sea”. La frase resumió el nivel de necesidad de quienes buscaban una oportunidad en un contexto de dificultades económicas y escasas alternativas laborales.

Los jóvenes, entre la precariedad y la dificultad para estudiar

La situación también puso el foco en los obstáculos que enfrentan los jóvenes para conseguir su primer empleo formal. Para muchos, la falta de experiencia representa una barrera de ingreso, mientras que la necesidad de generar dinero dificulta la continuidad de sus estudios y la posibilidad de proyectar un futuro con mayor estabilidad.

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, perteneciente a la Universidad Católica Argentina, advirtió sobre las condiciones laborales que afectan a este sector de la población.

De acuerdo con los datos citados en el relevamiento, solamente el 14,2 por ciento de las personas de entre 18 y 25 años cuenta con un empleo registrado. El resto atraviesa distintas situaciones vinculadas con la informalidad, la precariedad, el desempleo o la inactividad laboral.

El estudio también señaló que el 30,2 por ciento de los jóvenes tiene un empleo regular, aunque dentro de ese grupo un 16 por ciento trabaja en condiciones precarias. A su vez, el 22,5 por ciento se desempeña en actividades irregulares, realiza changas o trabajos eventuales e intermitentes, o atravesó recientemente una situación de desempleo.

Estas dificultades no afectan a todos por igual. El nivel socioeconómico de cada hogar condiciona las posibilidades de acceder a un trabajo estable y puede determinar si una persona logra continuar su formación educativa o debe priorizar la búsqueda inmediata de ingresos.

Treinta puestos frente a cientos de necesidades

La convocatoria en Moreno dejó al descubierto una realidad que va más allá de una búsqueda laboral puntual. La presencia de cientos de personas para competir por apenas treinta vacantes reflejó la magnitud de la necesidad de empleo y la importancia que tiene, para numerosas familias, conseguir un ingreso mensual.

Detrás de cada currículum había una historia diferente: jóvenes que intentan independizarse, estudiantes que necesitan financiar su formación, trabajadores con experiencia que llevan meses desocupados y padres y madres que buscan garantizar el sustento de sus hogares.

La extensa fila se convirtió así en una postal de la crisis laboral, con personas dispuestas a esperar durante horas e incluso pasar la noche en la calle para acceder a una posibilidad de contratación. Mientras los aspirantes aguardaban una respuesta, la escena volvió a plantear interrogantes sobre la generación de empleo formal, las condiciones de contratación y las dificultades que enfrenta una parte importante de la población para incorporarse al mercado de trabajo.

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