
El Gobierno celebró la baja del dólar y el leve aumento de las reservas internacionales como señales de estabilidad. Sin embargo, detrás de ese aparente respiro cambiario se esconde una realidad más frágil de lo que parece. El dólar minorista retrocedió a $1.435 y el mayorista cerró a $1.412, niveles similares a los previos a las elecciones, pero este retroceso no responde a una mejora estructural, sino a intervenciones del Banco Central y medidas temporales que distan de resolver los problemas de fondo de la economía argentina.
Las reservas del Banco Central aumentaron en 172 millones de dólares, alcanzando los 40.669 millones, aunque los analistas advierten que buena parte de ese incremento proviene de operaciones puntuales, como la activación de un tramo del swap con Estados Unidos. En otras palabras, se trata de un alivio transitorio, no de una acumulación genuina de divisas. De hecho, informes privados alertan que el país aún necesita sumar más de 9.000 millones de dólares antes de fin de año para cumplir las metas impuestas por el Fondo Monetario Internacional, un objetivo cada vez más inalcanzable.
Mientras tanto, la inflación de octubre volvió a acelerarse y ya acumula un 24,8% en lo que va del año. Pese al discurso optimista del Gobierno, los precios siguen golpeando el bolsillo de los argentinos, y el supuesto “anclaje” del tipo de cambio apenas disimula la pérdida constante del poder adquisitivo.
Los mercados reaccionan con euforia pasajera: el S&P Merval subió, y algunos bonos soberanos mostraron leves avances, pero el riesgo país continúa por encima de los 600 puntos. Para los economistas críticos, esta calma artificial se sostiene sobre endeudamiento, ajuste fiscal y una política monetaria que prioriza la especulación financiera por encima de la producción y el empleo.
En definitiva, el retroceso del dólar no es sinónimo de recuperación. Es apenas una tregua en un contexto económico aún vulnerable, donde cada movimiento del mercado depende más del humor de los inversores que del fortalecimiento real de la economía nacional. Una calma aparente que, como tantas otras veces, podría romperse con el próximo sacudón financiero.