El empleo privado registrado atraviesa uno de sus períodos más prolongados de retroceso de los últimos años. En mayo de 2026 se cumplió un año completo de caída ininterrumpida, una situación que no se registraba desde 2009 y que vuelve a colocar al mercado laboral entre las principales preocupaciones de los argentinos.
Durante los doce meses comprendidos entre mayo de 2025 y mayo de 2026, se perdieron alrededor de 135.400 puestos de trabajo privados registrados en todo el país. Si bien la cifra resulta inferior a la registrada durante otro ciclo reciente de contracción, cuando se destruyeron unos 158.200 empleos, el dato que genera mayor preocupación es la continuidad de la tendencia.
El empleo privado registrado representa una de las modalidades laborales con mayores niveles de estabilidad y protección, ya que incluye aportes previsionales, cobertura social, vacaciones, aguinaldo y negociación colectiva. Sin embargo, mientras este sector se reduce, otras formas de inserción laboral muestran un crecimiento significativo.
Durante la actual gestión, el monotributo incorporó aproximadamente 160.600 nuevos contribuyentes, mientras que el empleo autónomo sumó unos 1.200 trabajadores. El fenómeno refleja una transformación del mercado laboral, donde una parte de quienes pierden empleos formales busca alternativas en actividades independientes o de menor nivel de facturación.
La situación también se vincula con el crecimiento del pluriempleo. Frente a salarios que no siempre logran acompañar el aumento del costo de vida, muchos trabajadores recurren a más de una actividad para sostener sus ingresos y conservar su capacidad de consumo. A esto se agregan el incremento de tarifas y otros gastos cotidianos, que profundizan la presión sobre los hogares.
El retroceso del empleo formal tampoco constituye un fenómeno exclusivo de la actualidad. Durante otros períodos de crisis económica también se registraron fuertes pérdidas de puestos privados. Entre 2019 y 2020, en plena emergencia sanitaria, se destruyeron unos 143.400 empleos. Entre 2018 y 2019, la reducción alcanzó aproximadamente 130.400 puestos, mientras que entre 2015 y 2016 se perdieron cerca de 83.900.
En varios de esos períodos, la caída del empleo estuvo acompañada por una disminución de los salarios reales y por dificultades para que los ingresos alcanzaran a cubrir las necesidades básicas.
La diferencia que marca el escenario actual está, principalmente, en la duración del proceso. Doce meses consecutivos de retroceso muestran que el deterioro del mercado laboral excede una fluctuación temporal y plantea interrogantes sobre la capacidad de la economía para generar nuevos puestos formales.
Con una actividad industrial debilitada y un consumo interno que continúa bajo presión, el empleo vuelve a convertirse en uno de los principales indicadores para medir el impacto social de la situación económica. Mientras algunas modalidades laborales más flexibles ganan terreno, el desafío central continúa siendo recuperar puestos de trabajo registrados, estables y con ingresos suficientes para sostener a las familias.