Vaca Muerta en expansión y comercios en crisis: la otra cara del modelo económico

Mientras el desarrollo petrolero en Vaca Muerta continúa avanzando con inversiones millonarias y beneficios impulsados por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, en gran parte del país —y especialmente en Neuquén— la realidad económica muestra un escenario muy distinto para comerciantes, pequeñas empresas e industrias locales. El contraste entre el crecimiento energético y la caída del consumo comienza a generar preocupación en distintos sectores productivos.

Durante abril, los indicadores económicos reflejaron una fuerte desaceleración en la actividad comercial. Según relevamientos realizados en Neuquén, más de ocho de cada diez comercios e industrias registraron una caída significativa en las ventas, afectando tanto a pequeños emprendimientos como a empresas medianas que dependen directamente del movimiento interno y del poder adquisitivo de la población.

La situación se siente con fuerza en rubros esenciales. Comerciantes aseguran que el consumidor prioriza gastos básicos y posterga compras, mientras que muchas familias reducen consumos cotidianos para poder afrontar tarifas, alquileres y alimentos. A esto se suma la preocupación por el aumento de costos operativos y la baja circulación de dinero en las calles.

En paralelo, el crecimiento de Vaca Muerta continúa siendo presentado como uno de los motores económicos más importantes del país. Las inversiones energéticas, junto con los incentivos fiscales y cambiarios, impulsan un fuerte movimiento en el sector hidrocarburífero. Sin embargo, distintos analistas advierten que ese crecimiento aún no logra derramarse sobre el resto de la economía regional.

El panorama abre un debate cada vez más fuerte sobre el impacto real del modelo económico actual. Mientras algunos sectores vinculados al petróleo viven un momento de expansión, gran parte del comercio y la producción atraviesan meses marcados por la incertidumbre, la caída del consumo y el temor a una crisis prolongada.

En este contexto, abril dejó señales que muchos consideran alarmantes. La combinación entre retracción del mercado interno, pérdida del poder de compra y desaceleración de la actividad económica alimenta la preocupación sobre lo que podría ocurrir en los próximos meses si no aparecen medidas que reactiven el consumo y fortalezcan a los sectores productivos más afectados.

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