
La ciudad de Buenos Aires fue escenario de una propuesta tan singular como convocante: un espectáculo de música electrónica con impronta religiosa que tuvo lugar en plena Plaza de Mayo. Allí, el sacerdote portugués Guilherme Peixoto, conocido como el “cura DJ”, encabezó una intervención artística que combinó fe, tecnología y cultura contemporánea en homenaje al Papa Francisco.
Con una estética poco habitual para el ámbito religioso, Peixoto se presentó vestido con camisa clerical y alzacuello, pero detrás de una consola desde la cual desplegó una propuesta musical que fusionó sonidos techno con elementos litúrgicos. Campanas, fragmentos de canciones religiosas y pasajes inspirados en documentos papales se integraron en una experiencia que buscó trascender lo musical para convertirse en un mensaje espiritual abierto a toda la comunidad.
El evento fue impulsado por la Asociación Civil Miserando, que promovió la iniciativa como un espacio de encuentro, inclusión y reflexión. La convocatoria no distinguió credos ni procedencias, y tuvo como eje central la idea de tender puentes a través del arte, en línea con el mensaje de cercanía y diálogo que caracteriza al pontificado de Francisco.
Lejos de los formatos tradicionales, el espectáculo logró captar la atención de un público diverso, que se acercó tanto por curiosidad como por afinidad con la propuesta. La combinación de música electrónica con contenido espiritual generó un clima particular, donde lo festivo y lo reflexivo convivieron en un mismo espacio.
Peixoto, nacido en Portugal en 1974 y ordenado sacerdote en 1999, no sólo desarrolla su vocación religiosa, sino que también cumple funciones como capellán militar y ostenta el rango de teniente coronel. Su faceta como DJ forma parte de una búsqueda personal por acercar el mensaje de la Iglesia a nuevos públicos, utilizando lenguajes contemporáneos.
La intervención en Plaza de Mayo dejó una postal distinta en el corazón político e histórico del país, demostrando que la fe puede expresarse de maneras innovadoras. En un contexto social atravesado por desafíos y tensiones, la propuesta apostó a la construcción de una “cultura del encuentro”, donde la música se convierte en un puente para conectar sensibilidades y generar comunidad.