Una multitud de fieles volvió a recorrer las calles de La Rioja en una de las expresiones de fe más significativas del calendario religioso provincial. La peregrinación hasta Las Padercitas reunió a familias, jóvenes y adultos que caminaron desde el templo de San Francisco hasta el histórico lugar vinculado con San Francisco Solano, en una jornada marcada por la devoción, la tradición y un fuerte llamado a la unidad.
La celebración adquirió este año un significado especial porque coincidió con varias conmemoraciones centrales para la comunidad católica riojana. Se recuerdan los 300 años de la canonización de San Francisco Solano, los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís y los 50 años del martirio de los Beatos Riojanos. Estas fechas estuvieron presentes durante el recorrido y en las distintas expresiones de los peregrinos que, a medida que avanzaban, fueron sumándose a la caminata.
La Santa Misa fue concelebrada por el obispo Dante Braida, quien centró buena parte de su homilía en la necesidad de recuperar el diálogo, la reconciliación y la capacidad de escuchar a quienes piensan diferente.
El religioso tomó como referencia la vida de San Francisco Solano para destacar la importancia de ponerse en el lugar del otro. Recordó que el santo aprendía las costumbres y las lenguas de las comunidades con las que entraba en contacto, buscando comprender su realidad antes de transmitir su mensaje. Para Braida, ese ejemplo mantiene plena vigencia en una sociedad atravesada por conflictos y divisiones.
Durante la celebración, el obispo planteó que la tierra y las oportunidades deben ser entendidas como bienes destinados a todos, y sostuvo que cada persona debería poder acceder a una vida digna, con alimento y trabajo. En ese sentido, llamó a los creyentes a no permanecer indiferentes frente a quienes atraviesan situaciones de pobreza, adicciones, exclusión o dificultades para cubrir sus necesidades básicas.
La figura de San Francisco Solano también fue presentada como un ejemplo de compromiso con la paz. Según recordó Braida, durante su presencia en La Rioja el religioso intervino en un contexto de fuertes tensiones entre españoles y pueblos originarios. Su actitud buscó evitar la violencia y promover un encuentro basado en el reconocimiento de la dignidad del otro, aun cuando esa tarea implicara poner en riesgo su propia vida.
Otro de los ejes de la celebración fue la importancia de la oración y del silencio. El obispo recordó que San Francisco Solano pasó años preparándose espiritualmente antes de emprender su extensa misión evangelizadora por Argentina y Paraguay. Esa experiencia, señaló, demuestra que el compromiso con los demás necesita estar acompañado por una profunda vida interior.
La propia peregrinación fue presentada como una metáfora de ese camino compartido. El trayecto desde el centro de la ciudad hasta Las Padercitas implica recorrer varias decenas de cuadras y avanzar por un terreno en ascenso. Sin embargo, la presencia de otros peregrinos hace que el esfuerzo resulte más llevadero. Para Braida, esa experiencia representa también las dificultades que atraviesan las comunidades y la necesidad de afrontarlas de manera colectiva.
La celebración estuvo además atravesada por la memoria de los Beatos Riojanos y por el legado de monseñor Enrique Angelelli, cuyo mensaje de encuentro y reconciliación continúa presente en la identidad religiosa y social de la provincia.
En el cierre de la misa, el obispo invitó a quienes atravesaban problemas familiares, laborales o personales a encontrar en la fe un espacio de esperanza. Retomando el relato evangélico de Jesús durante la tormenta, llamó a no dejarse dominar por el miedo y a mantener la confianza aun en los momentos más difíciles.
La jornada dejó así un mensaje que trascendió lo estrictamente religioso. En una sociedad marcada por diferencias y enfrentamientos, la peregrinación volvió a colocar en el centro valores como la solidaridad, la escucha, el respeto y la búsqueda de acuerdos.
En Las Padercitas, la multitud no solo renovó su devoción por San Francisco Solano. También convirtió la caminata en una oportunidad para recordar que, frente a las dificultades, el camino puede hacerse más llevadero cuando se transita junto a otros y cuando la comunidad recupera la capacidad de encontrarse.