
El sector vitivinícola argentino atraviesa un momento de fuerte reconfiguración tras la decisión del Gobierno nacional de cerrar el Plan Estratégico Argentina Vitivinícola 2020 (PEVI) y eliminar las contribuciones obligatorias que financiaban tanto ese programa como a la Corporación Vitivinícola Argentina. La medida, que se implementará en un plazo de tres meses, recibió el respaldo de Bodegas de Argentina, entidad que nuclea a más de 200 empresas del sector.
Desde la cámara, que representa una amplia porción del mercado interno y cerca del 90% de las exportaciones de vino, calificaron la decisión como un cambio largamente esperado. En ese sentido, destacaron que el esquema vigente había cumplido su ciclo legal, ya que el PEVI había sido concebido con un horizonte hasta el año 2020.
Uno de los puntos más relevantes de la resolución es la eliminación de los aportes obligatorios establecidos por la Ley 25.849. Según remarcaron, esta medida generará un alivio financiero inmediato para las bodegas, permitiendo que esos recursos permanezcan dentro de las empresas para ser destinados a inversión y mejora de la competitividad.
Además, se dispuso que el Instituto Nacional de Vitivinicultura deje de recaudar dichas contribuciones de manera inmediata. También se estableció que la Coviar deberá presentar un informe detallado de cierre, con rendición completa de cuentas, reforzando los criterios de transparencia en el uso de fondos.
Desde el Gobierno, el ministro Federico Sturzenegger sostuvo que el programa no logró cumplir los objetivos propuestos, como alcanzar exportaciones por 2000 millones de dólares anuales o posicionar al país con mayor peso en el mercado global.
Referentes del sector coincidieron en que se abre una nueva etapa, con mayor protagonismo del ámbito privado y con esquemas de participación voluntaria. En este nuevo escenario, el desafío será fortalecer tanto el mercado interno como las exportaciones, sin el peso de cargas obligatorias que, según señalaron, afectaban la competitividad de la actividad.
De esta manera, la vitivinicultura argentina inicia un proceso de transformación que busca adaptarse a las demandas del mercado global, con mayor flexibilidad y foco en la eficiencia productiva.