Inflación en alza y economía frenada: un cierre de año que enciende señales de alerta

El final del año encuentra a la economía argentina atravesando un escenario complejo y poco alentador para el Gobierno nacional. Mientras la inflación muestra signos claros de aceleración, la actividad económica pierde dinamismo y comienza a evidenciar señales de estancamiento. Esta combinación vuelve a tensionar el frente social y productivo, y plantea interrogantes de cara a las expectativas oficiales para el 2026.

De acuerdo con distintos relevamientos privados, los precios durante diciembre se habrían movido en niveles similares a los registrados en noviembre, cuando el índice de inflación mensual se ubicó en torno al 2,5 por ciento. Al mismo tiempo, varios estudios coinciden en que la actividad económica cayó en noviembre respecto del mes anterior, consolidando un cierre de año marcado por la falta de impulso.

Indicadores de alta frecuencia elaborados por consultoras especializadas reflejan retrocesos en el nivel de actividad, con caídas que oscilan entre el 0,5 y el 0,8 por ciento mensual. Si bien algunas proyecciones mantienen un tono optimista a mediano plazo, sosteniendo que las reformas estructurales podrían mejorar el acceso al crédito, atraer inversiones y fortalecer los ingresos de los hogares, esos efectos aún no logran materializarse en la economía real.

Durante 2025, varios de los factores que se esperaban como motores de crecimiento no lograron consolidarse. El riesgo país, aunque mostró una leve mejora hacia el cierre del año, permanece elevado y lejos de los niveles que permitirían un acceso fluido al financiamiento internacional. La inversión privada, en tanto, continúa sin encontrar una trayectoria positiva y acumuló contracciones en los últimos trimestres.

El crédito interno aparece como una de las principales apuestas oficiales para reactivar la economía, pero enfrenta obstáculos significativos. El aumento de la mora y el deterioro en la calidad de las carteras bancarias encarecen las tasas de interés, limitando el acceso al financiamiento en un contexto donde los ingresos muestran escaso crecimiento. Si bien el crédito fue un elemento clave en la recuperación observada en la segunda mitad de 2024, su efecto se fue diluyendo a lo largo de este año.

El retroceso de la actividad en noviembre estuvo marcado por caídas generalizadas en sectores industriales y ligados al consumo. Se registraron descensos importantes en la producción de bienes durables, en las ventas de autos al mercado interno y en los patentamientos de vehículos y motos. A esto se sumó un debilitamiento del frente externo y fiscal, con menores importaciones y una caída en la recaudación de impuestos clave como el IVA y los aportes a la seguridad social.

La construcción tampoco logró sostener niveles de crecimiento, con bajas en los indicadores sectoriales y en el consumo de cemento. El complejo agroindustrial mostró retrocesos en la molienda, la producción de aceites y harinas, así como una menor faena bovina, reflejando un panorama de menor actividad en rubros estratégicos.

En términos generales, el crecimiento acumulado del año quedaría por debajo de las proyecciones oficiales iniciales, aunque todavía en terreno positivo. Sin embargo, el contraste más marcado aparece al observar la evolución de los precios. Desde mayo, la inflación retomó una senda ascendente y los datos de diciembre confirman esa tendencia. En particular, los alimentos y bebidas, un rubro sensible para el bolsillo de las familias, mostraron una aceleración, con subas semanales que empujan el promedio mensual por encima del 3 por ciento. Las carnes y las frutas volvieron a liderar los aumentos.

Así, el 2025 se despide con una economía que pierde fuerza y una inflación que vuelve a presionar, configurando un escenario desafiante para el inicio del próximo año.

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