La estrategia de comunicación digital del Gobierno de Javier Milei atraviesa un momento de creciente dificultad. La presencia del oficialismo en las redes sociales perdió fuerza durante los últimos meses y, según distintos análisis, el Presidente y buena parte de sus funcionarios encuentran cada vez más obstáculos para instalar temas en la agenda y sostener el nivel de interacción que habían alcanzado durante los primeros años de la gestión libertaria.
La situación quedó especialmente expuesta en las últimas semanas, cuando Milei multiplicó sus publicaciones en redes sociales con fuertes críticas, insultos y cuestionamientos dirigidos contra periodistas, dirigentes opositores y sectores políticos adversarios. Sin embargo, la estrategia no habría conseguido recuperar el impacto que caracterizaba a sus intervenciones digitales.
Dentro del Gobierno también comenzó a reconocerse un repliegue del aparato político y digital vinculado al asesor Santiago Caputo. La denominada “Las Fuerzas del Cielo”, identificada durante los últimos años como uno de los principales espacios de militancia digital libertaria, habría reducido su nivel de intervención en favor del Presidente. La incógnita dentro de la Casa Rosada pasa ahora por determinar si se trata de una retirada temporal o de un cambio definitivo en la estructura de comunicación oficial.
En paralelo, la figura de Santiago Oría comenzó a ganar protagonismo, aunque su desembarco en el área de comunicación generó dudas y críticas dentro del propio oficialismo. El realizador audiovisual y cercano al Presidente quedó en el centro de la escena después de que se lo señalara como posible nuevo responsable de la estrategia comunicacional.
Uno de los episodios que más expuso las dificultades internas ocurrió en la red social X. Una publicación favorable al Gobierno recibió numerosas respuestas prácticamente idénticas desde diferentes cuentas. Los mensajes comenzaban con la palabra “Reply”, una instrucción que habría quedado visible por un error en un sistema automatizado destinado a replicar contenidos. El episodio rápidamente se transformó en motivo de burlas y cuestionamientos, mientras crecía la sospecha sobre el funcionamiento de redes de cuentas coordinadas.
El debilitamiento del ecosistema digital libertario también aparece reflejado en el comportamiento de algunas de las cuentas que históricamente tuvieron un papel central en la difusión del discurso oficialista. Distintos análisis señalan que esas comunidades continúan teniendo capacidad de generar interacciones, pero cada vez mencionan menos al Presidente y muestran una menor disposición a utilizar su influencia para instalar los mensajes de Milei.
A esta situación se suma la incertidumbre alrededor del vocero presidencial, Adrián Ravier. Un anuncio sobre un supuesto cambio en la estructura de comunicación del Gobierno fue posteriormente desmentido, generando nuevas dudas sobre quién tiene actualmente el control de la estrategia comunicacional. Incluso comenzó a evaluarse la posibilidad de separar la comunicación personal del Presidente de la comunicación general de la administración nacional.
Otro elemento que alimentó las sospechas fue el desmantelamiento de una estructura de cuentas falsas vinculada al exasesor presidencial Fernando Cerimedo. El episodio volvió a poner bajo la lupa el uso de bots y cuentas artificiales para amplificar determinados mensajes políticos en las redes. Especialistas señalaron que existen indicios que justifican una investigación técnica para determinar eventuales conexiones entre esas estructuras y el ecosistema digital libertario, aunque remarcaron que una coincidencia temporal no constituye por sí sola una prueba de vinculación directa.
Mientras tanto, los estudios sobre opinión digital describen un escenario de desgaste. La caída de las interacciones no comenzó recientemente, sino que se viene desarrollando de manera progresiva desde meses atrás. El caso $LIBRA habría marcado uno de los principales puntos de inflexión, a partir del cual comenzó a observarse una disminución sostenida del impacto de las cuentas oficialistas.
En este contexto, la comunicación del Gobierno enfrenta un desafío que va más allá de conseguir más publicaciones o aumentar la cantidad de mensajes. El problema central parece estar relacionado con la pérdida de capacidad para imponer una agenda y conservar el entusiasmo de una comunidad digital que durante mucho tiempo funcionó como uno de los principales motores de la comunicación libertaria.
La combinación de desgaste político, dificultades económicas, cuestionamientos por casos de corrupción y menor potencia en las redes configura así un escenario complejo para la administración de Milei. El desafío ahora será recuperar el control del relato sin depender exclusivamente de la confrontación y de una maquinaria digital que, al menos por el momento, parece haber perdido parte de la fuerza que supo tener.