La recaudación de impuestos en La Rioja atraviesa un escenario complejo. Aunque los ingresos provinciales continúan aumentando en términos nominales, ese crecimiento permanece por debajo de la inflación, lo que implica una pérdida de poder adquisitivo de los recursos que ingresan a las arcas públicas.
La situación se viene registrando desde hace varios meses y tiene como uno de sus principales indicadores al Impuesto sobre los Ingresos Brutos, un tributo directamente relacionado con el nivel de actividad económica. El comportamiento de este impuesto refleja, según las autoridades tributarias provinciales, una economía que se mantiene prácticamente estancada, sin mostrar todavía señales suficientes de recuperación.
El fenómeno tampoco sería exclusivo de La Rioja. Otras administraciones tributarias del país atraviesan dificultades similares, con ingresos que crecen en términos nominales pero quedan rezagados frente al aumento generalizado de los precios.
Para el organismo encargado de la recaudación provincial, se trata de un escenario poco habitual. Desde 2018 no se observaba un crecimiento de los ingresos tributarios por debajo de la inflación durante un período tan prolongado. Incluso la comparación con los meses más duros de la pandemia aparece como referencia, aunque en aquel momento la caída estuvo marcada por las restricciones a la actividad comercial y la postergación de vencimientos.
A esta situación se suma otro problema: el incremento de la morosidad. Durante el último año aumentó especialmente el incumplimiento en dos impuestos que afectan directamente a los contribuyentes particulares: el Automotor y el Inmobiliario.
Ante este panorama, la provincia puso en marcha un régimen de regularización de deudas que busca facilitar el cumplimiento de las obligaciones pendientes. En apenas un mes, más de 4.000 contribuyentes se adhirieron a la moratoria.
El régimen contempla deudas vencidas hasta el 31 de julio de 2026 y ofrece distintas alternativas de pago. Entre ellas se encuentran la cancelación al contado, la cesión de haberes y el débito automático. Además, permite acceder a una reducción total de los intereses resarcitorios y establece planes de financiación de hasta 24 cuotas.
La medida tuvo impacto directo sobre la recaudación. Durante septiembre se registró un repunte cercano al 20 por ciento, aunque las autoridades aclararon que, pese a esta mejora, los ingresos continúan creciendo por debajo de la inflación.
Otro elemento que contribuyó a fortalecer la recaudación fue el uso de los Chachos, los Bonos de Cancelación de Deuda emitidos por la provincia. Se estima que alrededor de 500 millones de pesos en tributos fueron cancelados mediante este mecanismo.
El mayor movimiento se produjo entre comerciantes que recibieron estos bonos y posteriormente los utilizaron para cumplir con sus obligaciones tributarias. La nueva emisión de Chachos, vigente hasta el 29 de diciembre, alcanza los 4.000 millones de pesos y beneficia aproximadamente a 80.000 personas.
De cara a los próximos meses, el objetivo oficial es recuperar el terreno perdido frente a la inflación y lograr una mejora sostenida de los ingresos provinciales. Sin embargo, el comportamiento de la economía nacional aparece como uno de los principales factores que condicionan esa posibilidad.
La evolución de los salarios, el consumo y el nivel de actividad serán determinantes para saber si la recaudación puede recuperar dinamismo. Mientras tanto, la provincia apuesta a herramientas como la moratoria y los bonos para sostener el cumplimiento tributario y evitar que la caída de los ingresos reales se profundice.
El escenario deja así dos desafíos simultáneos: mejorar la capacidad recaudatoria y, al mismo tiempo, contener el crecimiento de la morosidad. La evolución de ambos factores será clave para las cuentas provinciales durante el cierre de 2026 y el comienzo del próximo año.