
En un contexto nacional signado por la incertidumbre económica, la pérdida de poder adquisitivo y una marcada preocupación social frente a las decisiones tomadas desde la Casa Rosada, el presidente Javier Milei volvió a presentarse ante un selecto grupo de empresarios en las oficinas de la Corporación América, propiedad del magnate Eduardo Eurnekián. Allí, el mandatario buscó enviar un mensaje de optimismo sobre el futuro inmediato del país, pese al complejo panorama que atraviesa la Argentina.
El encuentro tuvo lugar pasadas las 18.40, en la sede del holding ubicada en Vicente López. Fue la segunda visita del Presidente a esas oficinas y, desde el comienzo, decidió enmarcar su discurso en términos de logro personal y político. Recordó que, según sus propias palabras, se cumplían dos años del balotaje que lo enfrentó a Sergio Massa, momento en el que —remarcó— los argentinos eligieron al “primer presidente liberal libertario de la historia”. Un registro que, según aseguró, no solo sería inédito a nivel local, sino también global.
Luego, el mandatario avanzó en una enumeración de las transformaciones que, según él, ya se realizaron durante su gestión. Afirmó que “en veinte meses” su administración concretó “10 mil reformas”, para luego añadir que aún quedan por revisar unos “600 mil decretos”, de los cuales apenas “70 mil” estarían digitalizados. Estas palabras, cargadas de épica reformista, contrastan con la realidad que viven millones de familias argentinas, quienes sienten con fuerza el impacto de la recesión, la suba de tarifas, la pérdida de empleo y la caída del consumo.
Dirigiéndose al auditorio empresario, Milei destacó que la reciente victoria en las elecciones legislativas representa un aval para profundizar los cambios que pretende instalar. Pidió explícitamente la colaboración del sector privado, asegurando que “no hay nada mejor para un trabajador que un empresario y no hay nada mejor para un empresario que un trabajador”, una frase que buscó mostrar un equilibrio que, en la práctica cotidiana, muchos argentinos no logran ver reflejado en sus bolsillos.
En su hoja de ruta inmediata mencionó tres frentes clave: la aprobación del presupuesto 2026 y la puesta en marcha de reformas tributarias, laborales y de seguridad. Según su visión, si todas estas medidas se ejecutan según lo planeado, el mundo podría llegar a “hablar de crecer a tasas argentinas”, un escenario que, en su proyección más optimista, permitiría duplicar el PBI cada siete años.
El Presidente cerró su presentación con una advertencia que sonó más como promesa que como prevención: “El apoyo que hemos tenido va a hacer que aceleremos aún más: abróchense los cinturones porque van a haber muchas más reformas”.
Mientras tanto, afuera de los salones empresariales, la realidad del país sigue marcada por salarios que no alcanzan, obras paralizadas, inflación persistente y un clima social cada vez más tenso. Un contraste que, para muchos oyentes, refleja la distancia entre la visión oficial y la vida cotidiana de quienes sienten en primera persona las consecuencias de los vaivenes económicos y políticos de la Argentina actual.