Milei da un giro estratégico: suspende el radar chino en San Juan y refuerza su alianza con Estados Unidos

El presidente Javier Milei decidió cancelar la construcción de un radar espacial chino en la provincia de San Juan, un proyecto valuado en unos 350 millones de dólares que formaba parte de una red global de monitoreo del espacio. La medida, según señalaron fuentes oficiales, se enmarca en una reorientación de la política exterior argentina hacia un alineamiento más firme con Estados Unidos y con la nueva administración de Donald Trump.

El radar, que iba a contar con un reflector de 40 metros de diámetro, superaba en capacidad a la antena instalada por China en Neuquén. El proyecto se había gestado en 2015, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y contaba con la participación del CONICET, la Gobernación de San Juan y la Academia China de Ciencias.

Desde la Universidad Nacional de San Juan expresaron su rechazo a la decisión y defendieron el carácter científico de la iniciativa, destacando que representaba más de tres décadas de cooperación e intercambio entre Argentina y China. “Era una oportunidad única para el desarrollo astronómico nacional”, afirmaron voceros de la institución.

Fuentes del Ministerio de Defensa explicaron que la revisión del proyecto se realizó junto a Cancillería, y que finalmente se resolvió su suspensión definitiva en diciembre de 2024, tras detectar irregularidades en el ingreso de equipamiento chino.

Con esta medida, Milei busca consolidar lazos con Occidente y frenar el avance de la influencia tecnológica china en la región. Actualmente, el único radar chino operativo en el país se encuentra en Bajada del Agrio, Neuquén, y ya fue objeto de un pedido de inspección por parte del Gobierno nacional debido a las sospechas de un posible uso dual, civil y militar.

El gesto hacia Washington refuerza la estrategia diplomática del actual mandatario, que apuesta por un vínculo más estrecho con Estados Unidos en materia de defensa, inversiones y cooperación tecnológica. Sin embargo, el ámbito académico argentino observa con preocupación la pérdida de proyectos internacionales que ofrecían acceso a infraestructura de alto nivel y oportunidades de desarrollo científico.

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