A casi medio siglo de uno de los episodios más dolorosos de la última dictadura militar argentina, nuevos documentos vuelven a poner bajo la lupa la responsabilidad de un comisario de la Policía Bonaerense señalado por su vinculación con la Noche de los Lápices. Se trata de Luis Héctor Vides, un represor que recibió reconocimientos oficiales apenas tres meses después del secuestro de un grupo de estudiantes secundarios en La Plata.
La documentación incorporada al conocimiento público revela que el 22 de diciembre de 1976, mientras permanecían desaparecidos varios de los jóvenes secuestrados durante septiembre, Vides fue distinguido con el premio “Ministerio de Educación”. El reconocimiento incluía una medalla de oro y un diploma de honor. Ese mismo día también recibió la Orden San Miguel Arcángel por un acto destacado de servicio.
El dato adquiere una dimensión especialmente significativa por la trayectoria del comisario y las denuncias que lo vincularon con los operativos represivos. En 1976, Vides se desempeñaba como segundo jefe de la Brigada de Investigaciones de La Plata. Posteriormente pasó a la División Cuatrerismo de la Dirección de Investigaciones, conducida por Miguel Osvaldo Etchecolatz, uno de los principales responsables de la represión ilegal en la provincia de Buenos Aires.
Durante el primer año de la dictadura, las autoridades policiales consideraron sobresaliente su desempeño y lo ascendieron a comisario inspector por “méritos extraordinarios”. Sin embargo, su nombre ya había quedado asociado a los secuestros de estudiantes que reclamaban por el boleto estudiantil y participaban en organizaciones del movimiento secundario.
El 9 de mayo de 1985, durante el Juicio a las Juntas, Pablo Alejandro Díaz declaró que había visto a Vides en su casa el 21 de septiembre de 1976, cuando un grupo de hombres llegó para secuestrarlo. El sobreviviente describió al comisario como un hombre canoso, robusto y de unos 45 años. Para entonces, Vides tenía 50 años.
La Noche de los Lápices incluyó una serie de operativos que comenzaron, según la reconstrucción judicial, el 8 de septiembre de 1976, aunque la mayoría de los secuestros se produjo el 16 de ese mes. Los jóvenes fueron perseguidos por su militancia estudiantil y trasladados a centros clandestinos de detención.
De los estudiantes secuestrados, solo cuatro sobrevivieron: Pablo Díaz, Emilce Moler, Gustavo Calotti y Patricia Miranda. Claudio de Acha, María Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Horacio Ungaro, Daniel Racero, Francisco López Muntaner y Víctor Treviño continúan desaparecidos.
Los primeros cautiverios tuvieron lugar en el campo de Arana, un centro clandestino de torturas y exterminio. El 23 de septiembre, varios de los jóvenes fueron trasladados en un camión. Algunos terminaron en el Pozo de Banfield, donde Pablo Díaz compartió cautiverio con sus compañeros hasta el 28 de diciembre de 1976.
Durante su secuestro, Díaz recibió información de un militar que le indicó que los estudiantes habían sido asesinados en dependencias policiales de Lomas de Zamora. Por su parte, Emilce Moler recibió la visita de su padre, un comisario retirado, quien le advirtió que su vida dependía de Etchecolatz y Vides. Gustavo Calotti también declaró haber sido torturado por el comisario, conocido con el apodo de “Lobo”.
En 1986, Vides fue juzgado junto a Ramón Camps, jefe de la Policía Bonaerense, y otros represores, en la causa 44. La Cámara Federal lo absolvió al considerar que no estaba acreditada su actuación en el campo de Arana. Sin embargo, los testimonios de sobrevivientes y la documentación policial volvieron a poner en discusión aquella decisión.
Vides murió el 17 de septiembre de 1998, sin haber recibido una condena por su participación en estos hechos. La fecha coincidió con el aniversario del secuestro de Emilce Moler.
Los documentos también muestran que el comisario había recibido reconocimientos anteriores por parte de las autoridades bonaerenses. En 1970, por ejemplo, figuraba entre los policías que serían distinguidos con el premio “Municipalidad de La Plata”. No obstante, no aparece en aquella nómina un reconocimiento similar al premio “Ministerio de Educación” que recibió en diciembre de 1976.
La revelación de esta distinción, otorgada pocos meses después de los secuestros, vuelve a abrir interrogantes sobre el funcionamiento de los organismos estatales durante la dictadura y sobre la manera en que se premiaba a integrantes de las fuerzas represivas mientras numerosas familias buscaban desesperadamente a sus hijos.
A 50 años de la Noche de los Lápices, la memoria de los estudiantes desaparecidos continúa siendo una parte central de la historia argentina. Los nuevos documentos aportan elementos para revisar responsabilidades, reconstruir hechos y comprender cómo operó la maquinaria represiva que marcó a toda una generación.