
El inicio de la semana dejó nuevas señales de tensión en el frente cambiario y financiero, en un contexto donde el equilibrio económico continúa siendo frágil. Luego de haber cerrado la primera semana del año con una leve corrección a la baja, el dólar oficial retomó la senda alcista y volvió a encender alertas entre analistas y operadores del mercado.
En el segmento mayorista, el tipo de cambio finalizó en torno a los 1.467 pesos, mientras que el dólar minorista del Banco Nación se ubicó cerca de los 1.490 pesos. En paralelo, los mercados alternativos mostraron comportamientos dispares: el dólar blue se mantuvo por encima de los 1.500 pesos y las cotizaciones financieras, como el MEP y el contado con liquidación, operaron sin una tendencia definida, reflejando la cautela de los inversores.
Detrás de estos movimientos aparece una combinación de factores que presionan sobre el mercado. Por un lado, el Banco Central volvió a intervenir como comprador de divisas con el objetivo de reforzar las reservas internacionales. Por otro, el reciente pago de más de 4.000 millones de dólares a bonistas privados reavivó la preocupación por la disponibilidad de dólares en el sector público, en un escenario donde cada flujo cuenta.
El esquema cambiario vigente, basado en bandas que se ajustan por inflación, busca evitar que el tipo de cambio se acerque al límite superior. Sin embargo, la discusión de fondo sigue abierta: hasta qué punto es posible seguir acumulando reservas sin convalidar una suba más pronunciada del dólar. En los últimos días, según coinciden especialistas del mercado, para que el Banco Central pudiera comprar divisas fue necesario que el Tesoro saliera a venderlas, lo que deja en evidencia la ausencia de una oferta genuina y sostenida.
Al mismo tiempo, la estacionalidad propia del cierre de año, con un aumento en la demanda de pesos, redujo la liquidez del sistema financiero. Ese menor circulante presionó al alza las tasas de interés de corto plazo, encareciendo el crédito en moneda local. En los hechos, el Gobierno parece haber priorizado la estabilidad cambiaria, aun cuando eso implique aceptar tasas más altas y un mayor costo financiero.
Desde comienzos de enero, el Banco Central logró sumar algo de alivio. Con el nuevo esquema monetario en marcha, ya adquirió más de 270 millones de dólares en el mercado oficial, a los que se sumaron otros 55 millones en la última rueda. No obstante, el nivel de reservas continúa siendo uno de los puntos más sensibles del programa económico.
Esa fragilidad también se refleja en los activos financieros. Los bonos argentinos en dólares comenzaron la semana con retrocesos y el riesgo país volvió a escalar hasta los 577 puntos. Las acciones, tanto en la plaza local como en Wall Street, mostraron mayoritariamente números en rojo, en un contexto internacional más volátil y con menor apetito por activos emergentes.
Con este telón de fondo, todas las miradas están puestas en la primera licitación de deuda del año, prevista para el miércoles. El Tesoro enfrenta vencimientos cercanos a los 10 billones de pesos y dispone de una caja limitada, por lo que necesita una elevada tasa de renovación. La oferta incluirá letras y bonos en pesos ajustados por inflación, instrumentos a tasa variable y títulos atados al dólar. Las tasas que el Gobierno esté dispuesto a convalidar y el nivel de participación del mercado serán claves para medir la confianza en el rumbo económico en este inicio de 2026.