Miles de personas se movilizaron hacia el Congreso Nacional para expresar su rechazo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno, en una jornada que combinó masividad, tensión y un imponente despliegue de fuerzas de seguridad. Desde la avenida 9 de Julio hasta las inmediaciones del Parlamento, columnas sindicales, organizaciones sociales, agrupaciones políticas y familias enteras colmaron las calles con banderas, bombos y cánticos en defensa de los derechos laborales.
Mientras en el Senado se debatía el proyecto, en el exterior se vivía otro capítulo de la discusión. La convocatoria, impulsada por centrales obreras y respaldada por distintos sectores gremiales, reunió a una multitud que denunció que la iniciativa oficial pone en riesgo conquistas históricas del movimiento trabajador argentino. La CGT había llamado a movilizarse bajo la consigna de actuar “con responsabilidad” y advirtió que la propuesta “no resuelve los problemas del trabajo, sino que los agrava”.
Desde temprano, la zona estuvo rodeada por un fuerte operativo policial. Camiones de Gendarmería y efectivos de distintas fuerzas se apostaron en los accesos a la Plaza Congreso, donde un extenso vallado limitaba la circulación. Muchos manifestantes intentaron avanzar hacia la plaza, pero encontraron bloqueos en varias arterias, lo que generó aglomeraciones en calles laterales y un clima creciente de nerviosismo.
Los cánticos apuntaron directamente contra el presidente Javier Milei y contra los legisladores que acompañaban la reforma. También se escucharon reclamos de paro general. “Paro, paro, paro nacional”, coreaban columnas que se extendían por varias cuadras. La tensión se percibía en el aire. “Se siente raro, como si en cualquier momento pasara algo”, comentaban algunos asistentes, sorprendidos por la magnitud del operativo.
Con el correr de la tarde, se registraron incidentes y avances policiales que derivaron en corridas y momentos de desconcierto. Testigos describieron estampidas de motos y disparos que obligaron a muchos a replegarse. En medio del desconcierto, vendedores ambulantes, jubilados, docentes y jóvenes militantes intentaban mantenerse juntos y evitar el pánico. “No corran, mantengamos la calma”, repetían referentes sindicales que organizaban las columnas.
La presencia de gremios como la UOM, SMATA, UOCRA y sindicatos del transporte marcó el tono de una movilización que buscó mostrar unidad frente a lo que consideran un retroceso en materia de derechos laborales. Dirigentes sindicales insistieron en que la discusión no termina en el recinto y que la calle seguirá siendo un ámbito de expresión.
Al caer la tarde, entre gases, sirenas y desconcentración forzada, la multitud comenzó a retirarse. El saldo oficial indicó cientos de heridos y decenas de detenidos. Más allá de los números, la imagen que quedó fue la de una sociedad movilizada y profundamente dividida frente al rumbo de las reformas. La discusión sobre el futuro del trabajo en la Argentina, lejos de cerrarse, parece recién comenzar.