Endeudamiento en Argentina: cuando llegar a fin de mes se convierte en una deuda imposible

Cada vez son más las familias argentinas que enfrentan una realidad que va mucho más allá de una cuenta pendiente: el endeudamiento se convirtió en una dificultad cotidiana que afecta los ingresos, la tranquilidad y hasta la salud emocional. Actualmente, cerca de 19,6 millones de personas tienen algún tipo de deuda y aproximadamente una de cada cuatro se encuentra en mora durante más de 90 días.

El fenómeno viene creciendo desde finales de 2024 y alcanzó niveles especialmente preocupantes durante 2026. El problema atraviesa bancos, tarjetas de crédito, préstamos personales y, cada vez con mayor fuerza, las billeteras virtuales, que ofrecen créditos prácticamente inmediatos a través del teléfono celular.

Uno de los datos más llamativos aparece justamente en este último sector. La morosidad de los créditos otorgados mediante billeteras virtuales experimentó un fuerte incremento y llegó a superar incluso los niveles registrados durante la pandemia. Millones de personas acumulan cuotas atrasadas y recurren a nuevos préstamos para intentar cubrir compromisos anteriores, generando una verdadera cadena de deuda.

Detrás de las estadísticas aparecen historias concretas. Andrés, un trabajador de 52 años con empleo formal, comenzó a tener dificultades cuando una deuda de tarjeta empezó a crecer. El banco aumentó considerablemente su límite de crédito y, aunque inicialmente eso parecía una solución, terminó convirtiéndose en una trampa. Las cuotas se acumularon hasta que dejó de poder cubrir siquiera el pago mínimo.

Después llegaron las llamadas de cobradores. No solo se comunicaban con él, sino también con familiares. En algunos casos, las advertencias incluían posibles embargos, acciones judiciales o comunicaciones con su lugar de trabajo.

La situación se repite con Verónica, una mujer de 57 años que vive de una pensión no contributiva. Lo que comenzó con pequeños préstamos para afrontar gastos básicos terminó transformándose en una cadena de créditos destinados a pagar otros créditos. La deuda se acumuló mientras los llamados y mensajes de las empresas de cobranza se volvieron parte de su vida cotidiana.

El problema tampoco se limita a personas consideradas de bajos ingresos. Marcela, una profesional de la salud de 57 años, también terminó recurriendo al crédito después de que su salario perdiera poder adquisitivo. Primero utilizó las tarjetas para comprar alimentos y cubrir gastos médicos. Después refinanció la deuda y tomó un préstamo bancario a largo plazo. El objetivo era frenar la llamada “bola de nieve”, pero el compromiso financiero se extendió durante años.

Estos testimonios cuestionan la idea de que el endeudamiento sea exclusivamente consecuencia de una mala administración personal. El crecimiento de la mora coincide con un período de pérdida o estancamiento de los ingresos, mientras los gastos esenciales continúan aumentando.

A esto se suma el avance de un mercado financiero no bancario que ofrece créditos rápidos, pero en muchos casos con costos financieros elevados. Cuando el deudor deja de pagar, algunas empresas transfieren esas carteras a estudios jurídicos o agencias de cobranza. Es allí donde aparecen denuncias por llamados insistentes, mensajes reiterados y contactos con familiares o empleadores.

Frente a esta situación, distintas iniciativas buscan establecer límites al hostigamiento y brindar herramientas para que las personas puedan renegociar sus obligaciones. En varios municipios bonaerenses ya se impulsaron medidas destinadas a atender casos de sobreendeudamiento y facilitar acuerdos que contemplen la verdadera capacidad de pago de cada familia.

El objetivo es que quienes están atrapados en esta situación puedan reclamar, revisar las condiciones de sus créditos y buscar alternativas legales antes de que la deuda se vuelva todavía más difícil de afrontar.

El fenómeno plantea, en definitiva, una discusión que excede las finanzas personales. Millones de argentinos están utilizando el crédito no para comprar bienes extraordinarios, sino para pagar alimentos, servicios, medicamentos o gastos cotidianos. Cuando el salario deja de alcanzar, el préstamo aparece como una salida inmediata. Pero si la deuda se utiliza para cubrir la deuda anterior, el alivio dura poco y la presión aumenta.

Así, detrás de cada porcentaje de morosidad hay una familia que intenta sostener su vida cotidiana. Y para muchos de ellos, el reclamo comienza a ser el mismo: dejar de ser señalados individualmente y empezar a discutir las condiciones económicas que los llevaron a quedar atrapados en una deuda que, para muchos, parece no tener fin.

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