
En pleno invierno, la industria argentina enfrenta un nuevo desafío vinculado al abastecimiento de gas natural. A pesar del enorme potencial productivo de Vaca Muerta, la insuficiente infraestructura para transportar el recurso hacia los principales centros de consumo vuelve a generar complicaciones para el sector manufacturero, que ya comenzó a reorganizar su actividad para afrontar las restricciones y el fuerte incremento de los costos energéticos.
El principal inconveniente radica en la demora para completar la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, una obra considerada estratégica para incrementar la capacidad de transporte del gas producido en Neuquén. Como consecuencia, el país debe recurrir nuevamente a la importación de Gas Natural Licuado (GNL) para cubrir la elevada demanda invernal, justo en un contexto internacional marcado por el aumento de los precios de la energía.
Esta situación ya comenzó a sentirse en numerosas fábricas. Empresas de distintos rubros analizan reducir turnos de trabajo, modificar procesos productivos e incluso detener temporalmente algunas líneas de producción para disminuir el consumo de gas durante los días de mayor demanda. Otras optan por absorber importantes sobrecostos con el objetivo de cumplir con los compromisos asumidos con sus clientes y evitar mayores pérdidas.
El panorama resulta especialmente complejo para las pequeñas y medianas empresas. A diferencia de las grandes industrias, muchas pymes reciben el suministro a través de las mismas redes que abastecen a los hogares. Cuando las bajas temperaturas disparan el consumo residencial, el sistema prioriza el suministro domiciliario, dejando a numerosas industrias con restricciones o interrupciones en el servicio.
Representantes del sector industrial manifestaron su preocupación por el impacto que esta situación puede tener sobre la actividad económica. Advirtieron que muchas empresas podrían verse obligadas a disminuir su producción durante las próximas semanas debido a la imposibilidad de afrontar el elevado costo del gas importado y a las limitaciones en el abastecimiento.
La paradoja es evidente. Argentina cuenta con una de las mayores reservas de gas no convencional del mundo gracias al desarrollo de Vaca Muerta, considerado uno de los principales motores para impulsar las exportaciones y fortalecer la generación de divisas. Sin embargo, la falta de obras de infraestructura impide aprovechar plenamente ese potencial y obliga al país a depender nuevamente de compras de energía en el exterior durante los meses de mayor consumo.
El escenario internacional también agravó el problema. La tensión geopolítica registrada en Medio Oriente impulsó un fuerte incremento en el precio del Gas Natural Licuado, elevando considerablemente el costo de las importaciones necesarias para atravesar la temporada invernal. Esa suba terminó trasladándose al sector productivo, que hoy enfrenta tarifas muy superiores a las habituales para mantener sus operaciones.
A este panorama se suma otro efecto indirecto. La menor disponibilidad de gas obliga a incrementar el uso de combustibles líquidos, como gasoil y diésel, para la generación de electricidad, encareciendo también los costos eléctricos que afrontan las industrias.
Diversas cámaras empresarias expresaron además su preocupación porque las restricciones alcanzan incluso a contratos considerados firmes, una situación que, según sostienen, altera las condiciones bajo las cuales planificaron sus niveles de producción y sus compromisos comerciales. Incluso, algunas empresas analizan la posibilidad de iniciar reclamos por los perjuicios ocasionados.
Desde el Gobierno nacional, en tanto, remarcan que la prioridad continúa siendo garantizar el suministro de gas para los hogares durante el período de bajas temperaturas. Las autoridades aseguran que el sistema se mantiene estable para el consumo residencial y confían en atravesar el invierno sin inconvenientes para los usuarios particulares. No obstante, esa estrategia implica que buena parte del esfuerzo recaiga sobre el sector industrial, que deberá afrontar restricciones operativas y mayores costos energéticos mientras se espera la finalización de las obras que permitan aprovechar plenamente la producción de gas nacional.